lunes, 15 de mayo de 2017

Utopía. La sociedad imposible de Tomás Moro

Un Estado “ideal” pero irrealizable, cuyos gobernantes y funcionarios son elegidos a través de una incipiente pero eficaz democracia, donde se reconoce al más capaz y se reduce a la esclavitud a los que faltan a las leyes. Una sociedad pacífica pero que aprendió a defenderse, que desprecia las piedras preciosas y que distribuye los bienes de manera equitativa porque en ella no existe la propiedad privada. Esto es Utopía, el país imaginado por Tomás Moro en su novela homónima.

Ubicada en los recuerdos de Rafael Hitlodeo, un viajero que habría surcado el océano en los barcos de Américo Vespucio, Utopía aparece retratada como contraposición de las sociedades del periodo humanista. En su ficción Moro entabla una conversación con este aventurero, quien rechaza trabajar para los príncipes porque estos privilegian la propiedad privada y se han vuelto egoístas. Rafael describe Utopía para demostrar que existen formas alternativas de gobierno, de moral, de justicia, y de distribuir la riqueza acumulada por los aristócratas.

Algunos reconocen este libro de 1516 como un antecedente directo del socialismo utópico de mediados del siglo XIX. En esta época un puñado de pensadores ensayaron experimentos para llevar a cabo el ideal socialista antes del manifiesto de Marx. Algunos, los más osados, fundaron comunidades autárquicas donde la propiedad era colectiva y el dinero réprobo, pero sus resultados no fueron muy alentadores dado que se enfrentaron a un mundo con valores diferentes y contrarios a los suyos.

Al igual que Moro, sus ideales acabaron traicionados por el inclemente látigo de las circunstancias adversas. Este influyente libelo, en el que criticaba sutilmente a su propia realidad encierra toda una filosofía política que ha sido materia de importantes ensayos e investigaciones, por ello recomiendo su lectura, no solo por ser un libro fundamental en la historia del pensamiento occidental sino porque hace poco se conmemoraron los quinientos años de su inmortal aparición.

Una lectura que implica más compromiso que placer, con referencias clásicas que ejercitarán sus neuronas, sin embargo, no perderán la cabeza ni se convertirán en santos como su obstinado autor. 


domingo, 14 de mayo de 2017

Penny Dreadful, una poética serie de terror

Las creaciones literarias de Oscar Wilde, Robert Louis Stevenson, Bram Stoker, Mary Shelley y distintos personajes de la cultura popular son llevados a la pantalla chica para mostrarnos a través del terror, una serie de dimensiones poéticas ambientada en el siglo XIX británico y estadounidense.

La literatura, la filosofía, el mito, la ética y la religión se juntan en esta mistura de tres temporadas, en la que veremos a Drácula y a su incondicional Renfield, al Dr. Víctor Frankenstein y a su “monstruosa” creación, al Dr. Jekyll y su suero “milagroso”, a Dorian Gray y su cuadro de inmortalidad, al mismísimo Lucifer y a sus brujas demoníacas.

Los hombres lobos atormentados por sus licántropos pecados, las prostitutas londinenses y sus ansias de venganza feminista, la riqueza de los aristócratas versus la pobreza extrema de los proletarios de las fábricas de la Revolución Industrial, la vida digna contra la muerte inacabada, la eterna lucha por el bien de algunos y el mal para los otros, el salvaje oeste norteamericano, la tuberculosis y la lepra como estigmas de los desposeídos.

Por momentos es una serie psicológica, en otros policial, de acción, de suspenso, erótica, mítica, siempre lírica, siempre gris, para verla en soledad. Gran actuación de Eva Green en el papel de Vanessa Ives, una mujer atormentada por demonios que quieren su sumisión, y a través de esta desatar el final de los tiempos del hombre.

No brindaré más detalles de esta bien lograda serie siniestra, solo añadiré que a través de ella se puede encontrar humanidad, piedad y amor hasta entre los seres nocturnos y deformes más insospechados, mostrándonos que los seres humanos somos esa rica mezcla de bondad y maldad, de fealdad y belleza, y que somos libres de elegir, de crear nuestros propios mundos, y por qué no, la forma en que deben terminarse. La ven en Netflix.


sábado, 6 de mayo de 2017

Merlí y la aplicación práctica de la filosofía

Platón, Maquiavelo, Aristóteles, Sócrates, Schopenhauer, Foucault, Guy Debord, Epicuro, Hume y Nietzsche no son solo filósofos desaparecidos, sino también, para nosotros los homo videns de Sartori, son algunos de los nombres de los capítulos de Merlí, una serie catalana que valiéndose de los postulados de los antes mencionados teje una entretenida y pedagógica trama en torno a un profesor de filosofía, sus alumnos y sus padres, su madre, sus mujeres y sus colegas.

Merlí es este profesor que tiene por alumno a su propio hijo y a un grupo de jóvenes a los que les enseña filosofía de un modo poco convencional, este les inculca el librepensamiento y los llama “los peripatéticos”, en honor a los integrantes de la escuela aristotélica y por ser sus aprendices. Aparecen representados de esta forma los recordados “solo sé que nada sé”, “el fin justifica los medios”, el mito de la caverna, el pesimismo, los escépticos, los sofistas, el superhombre.

Lo anterior se mezcla inteligentemente con la aceptación del yo homosexual, la inclusión social de los introvertidos que han sufrido el bullying, la crítica del neoliberalismo, el cuestionamiento del sistema educativo “bancario” como lo definiría Paulo Freire, el rechazo de la hipocresía generalizada, y un afán por exaltar la forma de vida hedonista. Lejos de aburrir con grandilocuentes monólogos filosóficos, la serie aplica los conceptos para el entendimiento de la vida de estos jóvenes y los problemas que acarrea el proceso de descubrimiento de la vida adulta.

La primera temporada está en Netflix (a quienes estoy pensando en cobrarles por la publicidad), la segunda aún no llega a nuestro país, y para la tercera ya se firmaron los contratos en España. Apliquen el empirismo por esta vez, usen su maltratado sentido de la vista, no se arrepentirán, más aún si han experimentado el placer de leer algunas de las obras de estos olvidados personajes. Joder.



sábado, 29 de abril de 2017

La última tarde – Una película de Joel Calero

Sentado en solitario, en un cine medio vacío, recuerdo por qué vine a ver esta película. La trama, al inicio, no me había parecido muy innovadora. Días antes pude leer alguna crónica que me la describió como el reencuentro de dos esposos que tenían por decisión divorciarse. Hasta allí no pensé hacer la cola del ticket, sin embargo, líneas más adelante, escrito estaba que ambos eran ex integrantes del MRTA. Súbitamente me pregunté, seguramente como muchos, ¿se casaban estos asesinos de mierda?

Desde hacía un tiempo un debate en torno a la heroicidad de los Comandos Chavin de Huantar se había apoderado de diversos medios de comunicación. Yo estaba de acuerdo (Antonio Zapata no). Y ahora, en medio de este acalorado ir y venir de argumentos, algunos motivados por la pasión, por posturas ideologizadas, o por oportunismo político, una película nos mostraría un lado humano de dos ex amantes de la misma agrupación protagonista de aquel desdichado secuestro. Era al parecer, una mirada diferente, otra dimensión del mismo trasfondo de aquellos años violentos. Su director, en parte sanmarquino, había capturado totalmente mi atención.

La primera imagen que apareció en la gigantesca pantalla fue la de un hombre cualquiera sentado en un feo juzgado, su nombre es Ramón y es un cusqueño que trabaja vendiendo microcréditos. Su espera se ve interrumpida con la llegada de Laura, su esposa limeña a la que no veía en casi veinte años. La razón de su reencuentro es la firma de los documentos de su postergado divorcio, el mismo que había sido solicitado por la madre de Laura, quien quiere repartir sus bienes en herencia, para lo cual existe un único e indispensable requisito: que ella se separe de aquel hombre con el que huyó de joven.

Debido a que el juez no terminó de firmar algunos papeles, ellos se ven obligados a pasar unas horas juntos. De esta forma empieza una larga caminata por Miraflores hacia el mar de Barranco, tiempo que aprovechan para conversar sobre cómo les fue en la vida. Mientras veía esto, los otros espectadores reían al escuchar algunas frases de reproche de los actores con las que cualquiera se podría sentir identificado: el clásico “¿por qué te fuiste?”. Las parejas consumidoras de pop corn se miraban en complicidad, como diciéndose de forma telepática: podríamos ser nosotros, no sé, de acá unos años.

Todo este escenario de empatía audiovisual cambia cuando los protagonistas empiezan a recordar su antigua militancia. Ahora las miradas se esquivan y ya nadie quiere ser como ellos. La razón: son un par de “terrucos”. Este punto de inflexión marcará todo lo posterior. Sus diálogos, en una forma muy coloquial y natural, ponen en vitrina los cuestionamientos morales, sociales, subversivos y personales de ambos personajes. Ella, de una familia “pituca” y que siempre tuvo lo que quiso por un lado, y él, un muchacho pobre que veía en la lucha armada una forma de canalizar sus resentimientos. 

Se habían casado muy jóvenes y se amaron al mismo tiempo que abrazaban la bandera del MRTA. Mi reduccionista pregunta inicial había sido respondida. Sin etiquetas ni prejuicios vemos aquí a una mujer que si bien militó en una agrupación terrorista nunca terminó por estar convencida de sus métodos, por lo que tuvo que renunciar, desapareciendo a costa de una delación quizá involuntaria, ocasionando la muerte de uno de sus camaradas. Por otro lado, en él encontramos a un sujeto vencido por las circunstancias, empujado a ofrecer dinero a pequeños emprendedores, “ayudándolos” a salir adelante a costa del pago de un interés, trabajo que le da de comer pero que en el fondo desprecia.

En estos individuos encontramos la fractura que quiere sanar la CVR. Su encuentro íntimo con el pasado, la consecuencia de sus actos a nivel personal, las distancias de las clases sociales, el revanchismo, la identificación con el otro, así sea o haya sido un partidario de crímenes inenarrables. ¿Pueden perdonarse ellos mismos?, ¿la sociedad podrá perdonarlos algún día?, la película pone en el tapete estás difíciles preguntas de una forma inteligente y que obliga a la reflexión, no solo moral o ideológica, sino también en su magnitud sociológica. No dejen de ir a verla, no porque sea una película peruana, sino porque transmite ese país que vemos todos los días y que ignoramos volitiva e indiferentemente, esperando que el olvido haga su estoico trabajo.


martes, 25 de abril de 2017

Hemingway y “El viejo y el mar”

Ernest Hemingway fue un Nobel como pocos. Solo él pudo darse el lujo de agarrarse a trompadas con Francis Scott Fitzgerald en un combate memorable, beber orgiásticamente con James Joyce y hablar con el Ulises en su inconsciencia, cazar leopardos y leones en la sabana africana, sobrevivir a dos accidentes de avión y a un incendio forestal, manejar una ambulancia en la Primera Guerra Mundial terminando herido y dirigir una cuadrilla ilegal en la Segunda, siendo el mayor de todos sus caprichos, muestra de una obstinación incontrolable, el haberse casado cuatro veces a lo largo de su vida.

Era pues, además de tozudo, un hombre fuerte, aventurero y alcohólico, con un gusto excesivo por los placeres de la vida, que lo llevaron, paradójicamente, muy cerca de la muerte. Una vida cosmopolita, por tiempos aristocrática y mundana, que acabó de un balazo de escopeta en su boca, cuyo gatillo fue jalado por su propia mano, ante la negativa del destino que no le permitía morir de forma natural, ni por sus huesos rotos, ni por la metralleta que descargaron en sus piernas cuando fue soldado. El no se rindió ante la muerte, por el contrario la miró a los ojos y ella se postró ante él, he ahí la razón de su existencia inmortal.

Un representante genuino de la “Generación Perdida”, aquella pléyade de artistas hastiados de la situación del mundo, que no pertenecieron a ningún lugar, y que terminaron siendo de todos en el París de los años veinte del siglo pasado. Con él no existe la duda, su obra es universal. “El viejo y el mar” es la prueba irrefutable de esto. En una curiosa concurrencia, los seres más desgraciados terminan creando las novelas más esperanzadoras, como la de un anciano a quien la suerte le ha dejado de sonreír y que saca fuerzas de donde no las hay.

Santiago es el nombre de este pescador cubano, quien después de una mala temporada de pesca que ya se extendía por ochenta y cuatro días decide salir a mar abierto a pelear contra su desdichada fortuna. Una vez allí sus anzuelos atrapan un pez de dimensiones descomunales. El viejo Santiago no va a rendirse ante la oportunidad de matarlo y "alimentar a mucha gente con él", así que se enfrasca en una lucha de tres días a fin de lograr su tan ansiado objetivo. Santiago no deja de admirar su fortaleza, y pelea hasta el momento en que por fin logra clavarle el arpón.

Pero la historia no queda allí. La sangre del pez atrae a diversos grupos de peligrosos tiburones, a los que Santiago también mata defendiendo su presa. Es una lucha feroz mientras alucina y conversa consigo mismo en escenas casi delirantes y llenas de frases entrecortadas y de aliento en medio del hambre y del dolor. A pesar de las adversidades el viejo nunca capitula y logra llegar a puerto con los restos esqueléticos de su cacería marina, causando admiración entre los turistas y otros pescadores que lo daban por perdido o por muerto, entre ellos Manolín, un joven con el que trabajaba y que es su compañero y discípulo.

La perseverancia, la lucha contra la adversidad, la fortaleza en los momentos más difíciles y la solidaridad son los gritos ahogados de una generación que vivió dos guerras mundiales, aquellas ocasiones en que las circunstancias demostraron que no peleamos por la supervivencia sino por nuestras codiciosas necesidades insatisfechas. El viejo Santiago no es nada más que un hombre que batalla por lo suyo, como los hay millones, y su historia, como la de la gran mayoría, perecerá en el olvido debido a que prestamos atención a los “grandes hombres”, muchos de los cuales no merecen ser recordados.


miércoles, 19 de abril de 2017

Orgullosamente solos - José Carlos Yrigoyen

Carlos Miró Quesada Laos, un ex director de El Comercio y propulsor incorregible del fascismo en el Perú, es el personaje en torno del cual gira esta novela inclasificable. Escrita por su nieto desde la distancia que proporciona el tiempo y la muerte, José Carlos Yrigoyen, el aludido, nos brinda a la vez, y estoy intentando descifrar, quizá un testimonio catártico, quizá una confesión familiar, quizá una historia escondida de Haya de la Torre. No estoy seguro, no lo sé.

Lo evidente, desde sus iniciales páginas, es lo que sigue: “es un novelón”, como me parece haber leído opinar al barbón Ampuero de esta gran entrega. La historia como devenir es solo un mantel, en el que se sirven los platillos de la intriga, la política, la traición, la diplomacia, la infidelidad, y en todos los aspectos, de forma transversal, la doble vida de este también ex candidato a la presidencia del Perú, finalmente un hombre, con sus convicciones, odios y postergadas venganzas.

Jose Carlos Yrigoyen nos relata la vida pública y privada de este su abuelo materno, uno de los más poderosos e influyentes Miró Quesada, protagonista de casi cuarenta años de historia republicana, enemigo acérrimo de los apristas (que le asesinaron a los padres), y que era partidario de los tristemente célebres Adolfo Hitler y Benito Mussolini allá por la década del treinta, editando periódicos, libros y panfletos en abierta campaña pro implantación de la ideología fascista en nuestro país, a sus ojos, eternamente en crisis, como escribiera en uno de sus textos.

Es un libro, me da la sensación, escrito por una imperiosa necesidad del autor de encontrarse consigo mismo, y a la vez desarraigar de su memoria la imagen con la que lo convencieron del buen hombre al que siempre admiró y que finalmente tuvo que poner en evidencia al romper el mito de su falso recuerdo. El producto es un anecdotario político, un esforzado memorial, un ensayo histórico, un desenmascaramiento del APRA, un recordatorio de las infames alianzas que se repartían el país y los cargos públicos a mediados del siglo pasado.

Lejos de ser una apología a la figura del abuelo, y tampoco una férrea reivindicación de la abuela, la otra gran protagonista de la novela (y su amante por décadas), nos acerca de modo extremo a una realidad que tenemos más vigente de lo que imaginamos: la hipocresía de la sociedad limeña, aquella que tira la piedra para esconder la mano y que ve en el pecado de algunos, la salvación de los otros; aquella que vela por los intereses particulares antes que por el beneficio común. Nadie la amó jamás.

Independientemente de literaturas, Yrigoyen, documentado hasta el tuétano, aunque no sé si queriendo, nos regala uno de los libros de historia más entretenidos que he tenido la oportunidad de disfrutar desde el inicio hasta sus últimas palabras. El fascismo peruano, el actuar de El Comercio a lo largo de los años, el partido de la estrella, la influencia de los Miró Quesada en el tejido del poder, el Buenos Aires de la II Guerra, la Italia del Duce, la Alemania del Führer. Todo cuadra perfecto en esta indagación voluntaria de sus encopetados orígenes. Lo recomiendo, totalmente, más aún si tienen un pasado con el que no pueden dormir tranquilos en la misma cama.



martes, 18 de abril de 2017

El elegido: Una microhistoria del asesinato de Trotski

Netflix acaba de estrenar “El elegido”, una producción que pone en pantalla el proceso geográfico y psicológico por el qué pasó el asesino de León Trotski, después de que Stalin, uno de los más perversos genocidas de nuestra historia reciente, ordenara su muerte desde el Kremlin porque lo consideraba un traidor a la Revolución Rusa. León Trotski fue, para los que no lo conocen, uno de los líderes de la revolución que llevó al establecimiento de la poderosa Unión Soviética, pero circunstancias posteriores lo llevaron a huir hacia México, donde vivió por años antes de ser ultimado.

Trotski murió producto de un fuerte corte en la cabeza en agosto de 1940. Su verdugo le clavó una filuda piqueta que lo mantuvo agonizante durante varias horas antes de su expiración final. Dicen los testimonios que sus desgarradores gritos atravesaron las paredes y que su asesino los escuchó hasta el día de su propia muerte, acaecida en Cuba allá por los años setenta. Pero, ¿quién fue este hombre que tuvo que cargar sobre sus hombros la misión de asesinar al creador del Ejército Rojo?

Su historia, aunque criminal, resulta fascinante para las crónicas rojas y detectivescas. Su nombre fue Ramón Mercader, un ferviente comunista en tiempos de Francisco Franco. Fue reclutado por agentes de la policia secreta sovietica, entre los que se encontraba su propia madre, figura influyente y determinante en todas sus decisiones. De España se lo llevaron a la URSS para someterlo a un riguroso entrenamiento, y de allí a París con el objetivo de seducir a Sylvia Ageloff, la asistente de Trotski, cuya estadía en Francia se debía a la organización de la IV Internacional Comunista.

Para lograr su objetivo se presentó con el nombre de Jacques Mornard, una identidad falsa que le permitió infiltrarse en lo más íntimo del círculo de colaboradores trotskistas y llevar a cabo su bien urdido plan. La película narra los tres años que duró este anunciado proceso mortuorio y el posterior desenlace en el que Ramón Mercader asume su nuevo rol por completo, al punto de que en sus declaraciones parece que estuviese convencido de su nueva personalidad, idealizando a una madre inventada, producto de su imaginación, o quizá de sus más recónditos deseos.

Una historia real que parece sacada de la ficción de un creativo escritor de novelas policiales. Mercader terminó condenado por muchos años, pero al salir en libertad fue condecorado por la URSS gracias a sus crimínales servicios, que paradójicamente lo convirtieron en héroe de la revolución. Murió en Cuba, aunque permanezca inmortal por ser uno de esos denominados “sujetos de la historia” de los que tanto nos gusta investigar.

Es una suerte de microhistoria cinematográfica, dado que a partir de la narración de este episodio salen a relucir otros grandes procesos tales como la Guerra Civil Española, las luchas intestinas del socialismo “realmente existente”, el dogmatismo de sus integrantes, el mundo del espionaje internacional y la vida en México de los años cuarenta, con sus exiliados revolucionarios románticos y grupos comunistas. Una recomendable película que sin llegar a la genialidad se inserta en la moda del centenario de la Revolución Rusa que terminó con el gobierno zarista y que configuró a la URSS, protagonista de los principales hechos históricos del convulso y corto siglo XX, como es definido por el historiador marxista Eric Hobsbawm.


miércoles, 12 de abril de 2017

Costumbre y automatización. El archivo de un estudio de abogados

Los estudios de abogados acompañan a la historia del Perú desde fines del siglo XIX, sin embargo, fue con la apertura internacional, luego del aislamiento del primer gobierno aprista, que la llegada de inversionistas extranjeros catapultó a toda una generación de abogados que aprovecharon la oportunidad de expandir su campo de acción ante las nuevas necesidades de asesoría legal que se presentaron. Sus áreas administrativas también tuvieron que adaptarse a estos cambios y deslindar con antiguas prácticas que ahora veríamos obsoletas. El resultado fue que en la actualidad se esté experimentando una revolución tecnológica que ha repercutido en toda la gestión de este tipo de organización, y la gestión de sus archivos no es ajena a este cambio de paradigma.

La fuerza de la costumbre. Si le mencionamos costumbre a un abogado, este nos dirá que es la fuente primordial del Derecho consuetudinario. Pero si acudimos a otros profesionales, nos señalarán que la costumbre, como forma habitual y establecida de obrar las cosas, puede poner ciertas barreras para la innovación, y que la tradición administrativa escrita en piedra instaurada por esta podría generar una gestión del cambio ineficiente para una cultura organizacional que se estime de vanguardia, un peligro latente para la supervivencia de las organizaciones modernas que están obligadas a adaptarse rápidamente a los vaivenes inesperados del mercado globalizado. Los tiempos modernos exigen a las empresas enfrentar situaciones límite a diario, y su capacidad para responder a estas determina su longevidad. Los estudios de abogados no son ajenos a esta realidad. Para no quedar relegados muchos de ellos están poniendo un énfasis cada vez mayor en repotenciar sus áreas administrativas buscando consolidar equipos de alto desempeño. Para lograr su objetivo están integrando gerencias de índole tecnológica y con enfoque de gestión de proyectos antes insospechados en el ambiente jurídico, cuya historia se ha regido más por la usanza de la costumbre que por procesos automatizados. Sin embargo, existe una actividad transversal a toda la organización que aún no toman mucho en cuenta pero que es vital para el aseguramiento de su permanencia: la gestión de la información, y particularmente, la de sus archivos.

Los que nos dedicamos a estos quehaceres sabemos que los archivos siempre estuvieron relegados a los rincones más olvidados, siendo destinados únicamente a la custodia de files y sin ninguna posibilidad de aspirar a gestionar la información que resguardaban y darle un valor para el negocio. Esto se debió a distintos factores:

1. Visión del archivo como un simple depósito o almacén de documentos.
2. Escasa profesionalización del personal que laboraba en los archivos.
3. Conocimiento nulo del Derecho de parte de los responsables de los archivos.
4. Comunicación poco efectiva entre abogados y personal administrativo.
5. Escasa preocupación por identificar documentos históricos relevantes.

La experiencia nos ha enseñado que modificar esta situación genera distintos y rentables beneficios para la administración de los estudios, que repercuten directamente en la satisfacción de sus clientes.

Beneficios y consecuencias de un archivo automatizado. En general y debido a lo señalado, el mercado legal peruano padecía de esta grave epidemia: el olvido voluntario de sus archivos. Sin embargo, con la llegada de estudios globales a territorio nacional, los autóctonos se vieron en la necesidad de renovar sus prácticas habituales. Algunos confiando en el ingenio de sus equipos, apostaron por los abogados que regresaban de largas estadías de intercambio o maestrías extranjeras, los cuales importaron su experiencia ganada, principalmente en estudios estadounidenses y españoles; mientras que los demás aplicaron el denominado benchmarking, es decir, la observancia de la competencia en pos de capturar sus mejores prácticas y adaptarlas a su propia realidad. Sea cual sea la motivación del cambio, poco a poco los managing partners de los estudios de abogados han caído en la cuenta de la importancia de la gestión de sus archivos, esto a partir de los beneficios de tener la información de sus asuntos o asesorías organizadas en una plataforma “amigable” y de fácil acceso, cuyos indicadores les permitan tomar decisiones para una mejor administración de su negocio. 

Un abogado se preguntará para qué sirve tener el archivo organizado y automatizado, más allá de facilitar la búsqueda de información para el trabajo del día a día. A continuación detallamos solo algunos beneficios:

1. Garantizar la confidencialidad de la información.
2. Facilita el proceso de digitalización de documentos.
3. Implementación de un sistema interno de notificaciones electrónicas.
4. Acceso inmediato a la información.
5. Identificación de tipos documentales para capturar documentos relevantes.
6. Gestión de la experiencia para elaborar propuestas de honorarios.
7. Posibilidad de diseño y desarrollo de APPS (aplicaciones para móviles).

Las consecuencias de automatizar el archivo se reflejarán en cuatro niveles. El primero tiene que ver con el personal; el segundo con la atención al usuario interno, llámense secretarias, practicantes, paralegales, procuradores, asistentes, asociados, consejeros o socios del estudio; el tercero es con proveedores y clientes; y el cuarto, el de la gestión del conocimiento. Detallemos:

1. Se aprovechará al máximo al personal del Archivo cuando esté dedicado a la organización y al análisis documental en detrimento del trabajo operativo (especialización y consecuente apoyo a los abogados).
2. Si lo vemos desde el punto de vista de la atención al usuario interno, estos tendrán la información a su disposición las 24 horas del día (inmediatez en el acceso a la información).
3. A nivel de proveedores y clientes. En el primer caso para tomar mejores decisiones contractuales; y en el segundo, se refleja una reducción en el tiempo de respuestas (comunicación).
4. Por último, con relación a la gestión del conocimiento, se contará con una base de datos que condense las opiniones legales de los abogados y la experiencia del estudio (administración del capital intelectual).

La carrera ya empezó, los clientes exigen cada vez mayor eficiencia, y el Archivo es pieza clave para brindarles una atención rápida y confiable. Alejándonos del conservadurismo administrativo y de las tradiciones impuestas por la costumbre, se concluye que la automatización de los archivos de los estudios de abogados, antes que ser una opción, se ha convertido en una imperiosa necesidad.


lunes, 10 de abril de 2017

El D.Leg. 1272 y la gestión documental del Procedimiento Administrativo Electrónico

El Decreto Legislativo N° 1272 marcó un hito para la gestión de los procedimientos administrativos.* Su artículo 4° incorpora el artículo 29-A en la ley 27444, Ley del Procedimiento Administrativo General. A través de este se establece el marco jurídico para la introducción del denominado “Procedimiento Administrativo Electrónico”, cuyos actos administrativos poseen la misma validez y eficacia jurídica del tradicional. Con este dispositivo, la administración pública avanza un peldaño más en su proceso de automatización, el mismo que busca desatascar parte de sus actuales mecanismos burocráticos en beneficio del ciudadano.

Para los estudios de abogados se ha planteado un nuevo reto: gestionar este tipo de procedimiento administrativo cuya documentación podrá ser notificada en formato electrónico por las entidades públicas. Si bien aún no emiten el Decreto Supremo que regulará el procedimiento, las empresas que brindan servicios legales ya deben haber empezado a preguntarse cómo se alinearán con esta nueva disposición. En el Perú existen decenas de boutiques y bufetes que brindan asesoría a cualquiera de las partes, y la gran mayoría de sus abogados realizan sus actividades con un file físico bajo el brazo. Esto, a la luz de los nuevos tiempos, producirá un cambio de la cultura del trabajo, así como en los procesos internos de la administración privada de las firmas de todo el país.

Los estudios que están un paso adelante ya empezaron a trabajar con expedientes electrónicos desde hace algunos años. Las crecientes necesidades de información de sus clientes así lo demandan. Por ello es vital que sus archivos se automaticen y que sus sistemas de seguimiento y de administración documental sean desarrollados acorde con los mandatos de la legislación vigente y que hagan eficiente y rentable el negocio. La gestión documental de los procedimientos administrativos electrónicos responderá a la naturaleza de cada uno, por ejemplo, no será lo mismo gestionar un procedimiento administrativo de índole laboral (SUNAFIL), que uno de carácter ambiental (OEFA), o uno de naturaleza tributaria (SUNAT, municipios).

Los centros de información, las áreas de Sistemas, y particularmente los archivos de los estudios de abogados tienen mucho trabajo por delante para responder a las exigencias del futuro de la administración, de sus clientes y de sus procesos internos.

* Decreto Legislativo que modifica la Ley N° 27444, Ley del Procedimiento Administrativo General y deroga la Ley N° 29060, Ley del Silencio Administrativo (publicado el 21-12-2016).


miércoles, 5 de abril de 2017

San Marcos y “La buena terrorista”

Solo hace unos días una conocida conductora de televisión llamó “aprendices de terroristas” a unos estudiantes de mi alma mater, la UNMSM. La motivación de tan desafortunada frase fue la “toma” de la Universidad y el supuesto hallazgo de bombas molotov al momento del allanamiento policial. Los atrincherados se manifestaban en contra del rector y de las medidas privatizadoras que aseguran se quieren implementar en la Ciudad Universitaria. Si lo de las bombas es un hecho comprobado habría que sancionar a los culpables, pero la razón de su protesta es totalmente legítima, y no por eso los sanmarquinos debemos ser llamados terroristas, ni los aprendices de tales. Si la conductora en mención no sabe distinguir entre un estudiante que reclama por derechos ganados por sus predecesores, de una organización criminal que busca llegar al poder a través del terror y la matanza, pues alguien debería recomendarle algunos libros para que aprenda a identificar las abismales diferencias. Ya que nadie lo hará, me tomaré la atribución de pasarle un dato: “La buena terrorista”, de la Nobel británica (y en su momento comunista) Doris Lessing.

Este no es un libro teórico, es una novela escrita por una mujer que además, peleó contra la segregación, pero con seguridad le servirá. La historia gira en torno de Alice Mellings, una mujer de 36 años que decide abandonar la casa familiar para irse a vivir junto con un grupo de radicales de izquierda que desean poner su pequeño partido político a disposición de los objetivos del IRA, los conocidos revolucionarios irlandeses. La acompaña un homosexual de nombre Jasper, con el cual comparte habitación y por el que siente una inexplicable devoción. Ambos caen en una casa habitada por personajes perfectamente identificables una vez presentados por la autora. Desfilan Jim, un desempleado negro que siente la marginación de su sociedad; Bert y Pat, una pareja cuyas ideas revolucionarias no amilanaban su insaciable apetito sexual; la maternal Roberta y la desquiciada Faye, lesbianas que disfrutaban de frecuentar huelgas y piquetes, la última dependiente, y también, abusadora de la otra; Jocelin, la novicia fabricante de letales bombas caseras; y el frágil Phillip, nadando siempre contra una corriente que terminará por arrastrarlo en un mundo “burgués” no diseñado para los débiles como él. Todos ellos, aprendices de terroristas, dicen odiar a la clase media y al gobierno de la Thatcher, a quienes tildan de fascistas e imperialistas, y contra quienes planifican y llevan a cabo un terrible atentado que aquí hubiésemos llamado “cochebomba”.

Y aunque muero de las ganas de elogiar punto por punto la calidad extraordinaria del libro solo llegaré hasta aquí de literatura. Ahora, si la conductora no quiere leer las más de cuatrocientas páginas de esta obra genial, le ayudo nuevamente y le resumo mis conclusiones. ¿Qué diferencia a un estudiante que protesta de un aprendiz de terrorista (como los arriba descritos)?, paso a detallarle, para no aburrirla, solo tres. Primero, el estudiante que protesta tiene un pliego de reclamos que quiere negociar, el aprendiz de terrorista tiene un dogma que quiere imponer a la fuerza; segundo, los estudiantes que protestan en bloque buscan los caminos democráticos y solo se radicalizan cuando no son escuchados por quienes deben representarlos y defenderlos, los aprendices de terroristas nunca dialogan y buscan establecer siempre una dictadura criminal a base del terror; y tercero, un estudiante que protesta lo hace para conservar o ganar derechos, un aprendiz de terrorista no los respeta, y por el contrario los viola sistemáticamente al torturar o asesinar víctimas inocentes. Puedo escribir los versos más tristes esta noche, y llorar y llorar, pero se los dejaré a Neruda y a Fernández. Creo que está bien claro. Si después de esto la susodicha no aprende y no se retracta de forma clara, bien merecida tendría su demanda porque daña la honra de miles de personas que hemos pasado por esa inigualable experiencia de ser sanmarquinos.

Nuestra Universidad no es cuna de terroristas, muy por el contrario, en ella he visto caminar a las personas más valiosas y brillantes que tengo el orgullo de conocer y que estoy seguro comparten mi misma indignación al oír a alguien que desconociendo la realidad de las universidades públicas en general, y la de San Marcos en particular, se atreve a decir tremenda desfachatez en la señal abierta de la televisión nacional. Esto, definitivamente no se puede permitir, y como sanmarquinos que somos debemos alzar nuestra voz disconforme, nuestra tradicional y diversa voz de protesta.




sábado, 25 de febrero de 2017

La llegada: Un spoiler de otro planeta

La NASA acaba de anunciar la existencia de siete planetas orbitando una estrella de nombre Trappist-1 que se encuentra a “solo” 40 años luz de nuestro Sistema Solar. Lo particular de este descubrimiento es que estos comparten características que los asemejan a la Tierra, como su cercanía a su sol y su circunferencia. Esto hace sospechar, con fundamentos científicos, que algunos podrían tener agua, y por ende albergar alguna forma de vida. Sea esta inteligente o no, sería el hito más importante en la historia de la humanidad como especie.

Cuesta mucho creer que seamos los únicos seres vivos e inteligentes del universo. Esta arraigada creencia tiene más que ver con la soberbia y el miedo del ser humano que con argumentos científicos. Nuestro pobre conocimiento del cosmos y de la física que lo rige, goza del privilegio de la novedad y de la primicia, por ello cada nuevo anuncio es deslumbrante, como el de aquel historiador que tiene acceso a un archivo secreto o el del arqueólogo que excava los primeros monumentos de una alta cultura recién identificada. Somos testigos del inicio de algo inevitable, del descubrimiento de nuestro patio espacial y del encuentro de la especie humana con sus vecinos interplanetarios.

El cine, haciendo uso de los “pobres” pero significativos conocimientos astronómicos heredados de nuestros científicos más brillantes, ha creado obras maestras memorables, tal es el caso de Arrival o La llegada. La película empieza con el arribo de varias naves a la Tierra que se ubican alrededor del globo sin seguir ningún patrón. La humanidad desconcertada experimenta la pérdida de su exclusividad sobre el dominio de los mundos habitables y el feliz matrimonio que tenía con Dios ha llegado a su fin. Al morir su conexión con la divinidad pasa por las cinco etapas del duelo: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Hay por descubrir un mundo nuevo, aunque él haya llegado a nosotros a la fuerza e inesperadamente.

Para ello convocan a una lingüista de renombre mundial para “entrevistarse” con los visitantes. A un horario determinado, en cada una de las naves se abre una escotilla, y ella, en la que está destacada, entra acompañada de un grupo de científicos. Junto a su embajada intenta entablar comunicación con la finalidad de descifrar su lengua, tarea nada fácil de llevar a cabo dado que los sonidos que emiten y los símbolos que estampan responden a una visión de la realidad totalmente diferente de la nuestra. Es precisamente este detalle el más importante de la película y cuya comprensión se logrará al final del film. El lenguaje como barrera para la comunicación y a la vez como puente para el entendimiento hace pensar que tenemos a los extraterrestres habitando a veces en nuestro mismo país.

Este último punto es crucial. La película es una historia que metafóricamente hace referencia a la relación que tenemos entre nosotros mismos, el elemento extraterrestre es una simple analogía de nuestras tantas distancias humanas, y con la máscara de una llegada de alienígenas, es un recordatorio de que comprendiendo al que es diferente podemos llegar a entender su verdadera esencia y la misión que tenemos en colectivo. Más allá de grandes batallas y efectos especiales, Arrival nos pone dentro de un libro del recientemente fallecido Tzvetan Todorov, en el que la protagonista experimenta un terrible vacío producto de la otredad, llegando finalmente a la asimilación del “otro” desconocido. A su cabeza vienen imágenes que a los ojos del espectador son recuerdos de su pasado, sin embargo, en el desenlace vemos que estuvimos totalmente equivocados. Esto es producto de nuestro modelamiento mental, y no podemos concebir que otras civilizaciones o culturas puedan ver el mundo de una forma distinta de la nuestra porque la empezamos a considerar peligrosa sin ningún argumento racional.

Ante la supuesta amenaza que representan los heptápodos debido la incomprensión de su lenguaje, los seres humanos actuamos con violencia, sin imaginar que sus intenciones eran buscar nuestra ayuda ante una situación adversa qué sucederá dentro de tres mil años. Prueba de ello es que una vez que dejaron su mensaje desaparecieron de nuestro planeta sin dejar rastro de su antigua presencia. Según nuestro razonamiento de homo sapiens (o de yahoos como diría Lemuel Gulliver), si querían nuestra ayuda deberían habernos dejado tecnología o armas para desarrollar nuestra civilización y ser útiles ante ese futuro desalentador que nos presagiaron, pero no, la única “arma” que nos legaron fue su lenguaje, el cual fue aprendido y con la misión de ser difundido por la lingüista protagonista de esta maravillosa creación. El lenguaje y la comprensión del “otro” termina siendo lo que salvará no solo a nuestra civilización sino también a la suya, es decir, a todos.

Una película excepcional, a la altura de Interestelar, pero más filosófica y con un mensaje que si bien apela a la globalización, es también un ejercicio de memoria de que siempre encontraremos personas diferentes a las que tendremos que comprender si queremos salir adelante. Por favor véanla, así les haya contado bastante.





lunes, 6 de febrero de 2017

Los viajes de Gulliver – Jonathan Swift

Un editor pirata sediento de ventas había estampado la imagen de un gigante rodeado de seres humanos diminutos en una portada. Llamó este dibujo mi colegial atención y mi natural propensión adolescente de querer escapar de la realidad. Lo compré con la plata que ahorre del mal llamado “taxicholo”. El librito prometía un viaje a países desconocidos, conocer pueblos de costumbres extrañas y seres fantásticos que solo existían en los sueños de los locos. Nada más recomendable para un jovenzuelo que andaba imaginando mundos inexistentes y situaciones que nunca se darían por romper todas las reglas de la normalidad.

“Los viajes de Gulliver” es, y seguirá siendo por muchos siglos, no solo uno de los libros más pirateados, sino una de aquellas novelas que desenmascaran políticamente a la humanidad, exponiendo su verdadera faz, como el retrato de Dorian Gray, oculto de la vista de todos tras un rostro bello y sin corrupción que esconde sus más abyectas verdades. No hay libro que muestre, de una forma tan genial, cuáles son los vicios en los que cae nuestra especie a pesar de ser los únicos con capacidad de raciocinio en el globo. El autor lo logra satirizando las novelas de viajeros y la política de la Gran Bretaña de los siglos XVII y XVIII. Había descubierto pues, gracias a este vendedor de suelo, mi primer gran clásico de la literatura universal.

Cuando lo leí por primera vez tenía catorce inocentes años, lo recuerdo porque ese fue el año de los Defoe y de los Stevenson, y de sus Robinson y de sus Long John Silver. Pero aquel año aventurero empezó gracias a Jonathan Swift, un clérigo poco convencional, criticón y panfletario, que sin imaginarlo, añadiría sustantivos y adjetivos a las distintas lenguas en las que han traducido sus obras. Para citar sólo dos ejemplos, se le culpa directamente de crear el nombre Vanessa, inventado con partes del nombre de una joven con la que se le involucró sentimentalmente; liliputiense es otro de sus amargos engendros, usado para designar a personas de baja estatura o talla, pero no necesariamente de bajos espíritus.

La obra dividida en cuatro partes narra las travesías en las que se ve involucrado el protagonista, Lemuel Gulliver, un médico que aburrido de su vida decide buscar fortuna como hombre de mar. En sus travesías conocerá países que le harán entender la naturaleza humana, con sus miserias y virtudes, concluyendo que no somos más que bestias a las que se les ha dotado de un mínimo de razón, y que la aplicamos para acrecentar malignos defectos afines a toda nuestra especie. Dado que sus desventuras aumentan con cada nuevo navío que aborda, y gracias al aprendizaje que va adquiriendo, pareciera que el autor nos quiere mostrar el desarrollo de la humanidad y el devenir pesimista que le atribuye.

Sea en una tierra de enanos, en una de gigantes, en una isla voladora, en una ciudad de inmortales, o de personajes históricos que vuelven a la vida, Gulliver no deja de defender irónicamente a su amado país, al cual anhela siempre regresar. Es solo cuando conoce a los Houyhnhnms, una raza de caballos que viven en sociedad y que desconocen el significado de nuestros incontables vicios, que el protagonista termina por desilusionarse de su propia especie. En aquel extraño país los humanos reciben el nombre de yahoos. Estos son seres despreciables que viven en cautiverio dada su extrema violencia y degeneración. Entre sus principales defectos se cuentan el homicidio, la arrogancia, la megalomanía, el gusto excesivo por las piedras preciosas, y por último su desagradable pestilencia. Swift nos deja una penosa interrogante, y nos hace cuestionar a nuestros gobernantes, nuestras instituciones, nuestro modo de vida y nuestra moral a partir de estos horrendos yahoos. Es pues un texto universal aplicable a todos los periodos de la historia.

Si bien algunas partes de este libro son utilizadas para introducir a los niños en la lectura, su significado va más allá. Es una obra que navega entre la fantasía, la política y la filosofía, y es en estos oficios en los que debemos valorarla. Su dimensión expande su influencia en lectores de todas las edades y condiciones y muchos de nosotros empezamos a amar la literatura con novelas cómo esta. Léanla, la encuentran en pdf como deberían estar los libros que todos deberíamos leer aunque sea una vez en nuestra vida, tan fugaz como el pasar de una página y tan insignificante como un individuo en una multitud.


jueves, 19 de enero de 2017

Tres sentencias para la historia

Dice la teoría que el Derecho bebe de diversas fuentes, entre ellas la legislación, la doctrina, los actos jurídicos, la costumbre y la jurisprudencia. A riesgo de omitir alguna, y dejando abierta la posibilidad de recibir expresiones de sutil agravio de mis amigos abogados, estas serían las más importantes, y a partir de las cuales, como en un espiral interminable, recaen las interpretaciones de los juristas y legisladores, quienes, atendiendo a las necesidades que se van gestando en la sociedad, van modificando, derogando o añadiendo normas al ya abultado corpus jurídico que hace posible la convivencia social de nuestra especie. La justicia es su bien máximo, sus códigos el camino. Pero este es el primer capítulo de la gran novela que nunca termina de escribirse.

Emanen nuestras normas del Congreso, del Tribunal Constitucional, de los organismos públicos, de los municipios o del Ejecutivo, se supone que deben responder a determinados principios. Esto quiere decir, que si eres corrupto, a la cárcel irás; que si abusas de tus trabajadores, una multa pagarás; que si no cumples un contrato, una penalidad sufrirás. Por tanto, para cada falta o delito, hay una sanción o pena dependiendo de criterios de razonabildad, proporcionalidad y un largo sinfín de etcéteras. Sin embargo una pregunta cae por su propio peso: ¿quién debería determinar que, por ejemplo, maltratar a un animal corresponde delito?,  ¿un padre de la patria?, ¿Pare de Sufrir?, no señores, quien debe marcar la pauta es la sociedad civil, muchas veces no representada en ningún escaño pero si en la Sociedad Protectora de Animales, y las leyes no deben ser otra cosa que la consecuencia normativa orientada a atender las necesidades reales de esta, como también de los mecanismos de control que nunca deben faltar para alcanzar la pax social.

¿Pero qué pasa cuando un “administrado” no está de acuerdo con las normas que lo rigen?, pues este tiene todo el derecho de sustentar su disconformidad; por otro lado, ¿qué sucede cuando una autoridad o ex autoridad se mantiene impune?, pues los “administrados” podemos irnos a los tribunales, internacionales si es necesario en búsqueda de la felicidad, perdón, de la justicia; y por último, ¿qué sucede cuando un grupo de poder abusa de este para seguir haciendo de las suyas?, pues los “administrados” debemos preparar una mejor defensa, para la próxima. Los ejemplos dados no son más que el resumen de tres fallos que sin duda alguna serán materia de análisis no solo de abogados, el tema da para más, aquí lo haremos desde el punto de vista no de la historia, no pretendo ser tan pretencioso, sino de un solo historiador, parcializado si quieren, lenguaraz si gustan, que solo quiere resaltar la importancia de la jurisprudencia para la transformación del status quo.

Se trata de tres sentencias dadas en esta coyuntura. La primera versa sobre el reclamo de un ciudadano peruano de sexo masculino casado en México, para que su matrimonio sea reconocido por la RENIEC, con el menudo detalle de que se casó (horror) con otro hombre. Un juzgado, es decir, en primera instancia, le ha dicho que puede besar a su novio, y que la institución que emite los DNI debe reconocerle su legítimo derecho a cambiar su estado civil, de solterón maduro, a felizmente casado con el hombre que ama. La RENIEC, que se debe al Estado (el mismo que no termina de ser medio laico y medio religioso), tiene las manos atadas y debe apelar debido a que nuestra legislación no concibe la unión matrimonial entre dos espadachines. 1984 no solo es el título de una gran distopia, también es el año en el que aparece el Código Civil, es decir, este vejestorio va camino a cumplir 33 años (como yo), justamente los que tuvo Jesucristo cuando murió por ser un revolucionario, ¿no me creen?, lean los evangelios. Caso contrario a nuestro viejo codex, que aún vive en el oscurantismo de espaldas a una realidad a todas luces evidente e innegable, que el amor, y por qué no, el interés en conservar o heredar bienes, no solo se da entre la Tiffani y el Brayan, sino también entre dos intelectuales que lo único que desean es ser ciudadanos que ejerzan todas sus prerrogativas como personas comunes y silvestres que son, indistintamente de quién sea su pareja en la cama o los libros o programas de la TV basura que consumen. Si todos somos ciudadanos no deberíamos sufrir discriminacion alguna. La lucha de esta comunidad, la LGTBI, es tan legítima como lo fue, y lo sigue siendo, la de las mujeres por la igualdad, ¿no lo creen?, pregúntenles a sus abuelas cómo fue su vida y en qué año empezaron a votar, mientras les prepara su lonche, fieles a su vieja tradición.

La segunda debería causar pena e indignación, ¿cómo es posible que un expresidente sea sentenciado por delitos de lesa humanidad?, perdón, un segundo, ¿estamos hablando de Alberto Fujimori?, la respuesta es no. Se trata nada más y nada menos que de Francisco Morales Bermúdez, el derrocador de Juan “el chino” Velasco Alvarado Damián, Satanás o simplemente “el enemigo de la oligarquía opresora de las mayorías. Cuenta la leyenda que siendo su Ministro lo traicionó, y tal fue la afrenta, que la familia no dejo que “Pancho” asistiera al funeral del también denominado “General del pueblo”. Pues resulta que ahora Italia juzga a nuestros ex gobernantes de facto condenándolos a cadena perpetua, en una sentencia histórica en el marco de las investigaciones del llamado “Plan Cóndor”, un plan urdido para erradicar, entiéndase exterminar, opositores políticos e ideológicos durante el periodo de las dictaduras militares latinoamericanas, y del cual Morales Bermúdez habría participado con otros dictadores de nuestra región, otrora “patio trasero” de los Estados Unidos y de la CIA. Es curioso cómo esta y otras situaciones reflejan la decadencia moral de nuestra clase militar y política (con estimables excepciones), con un expresidente preso y los demás a un paso de ser investigados por casos de escandalosa corrupcion. A este paso nos quedaremos acéfalos porque todas nuestras cabezas rodaran por el fango de la vergüenza, dejando a la bestia a la deriva, sin sus ojos, aplastando todo lo que se atraviese en su camino.

La tercera sentencia importante es la de un supuesto caso de abuso sexual, físico y psicológico perpetrado por el Sodalicio, congregación católica que echó raíces en el Perú durante muchos años y que tuvo a su cargo a niños y jóvenes que habrían sido sus víctimas. Sucede que los principales investigados han salido limpios de “polvo y paja” (no sean mal pensados), debido a que los supuestos agraviados no se habrían acercado a denunciar a sus abusadores, y además, así hubiesen ido a firmar el preludio de una supuesta condena, los delitos habrían prescrito porque datarían de hace más de cuarenta años. Los abusivos y sus maldades pues, tienen fecha de caducidad en nuestro país sin importar la gravedad del delito cometido. Un Padre Nuestro y diez Aves Marías para penitenciar las almas de estos pobres chicos, ahora ya cincuentones, que tuvieron la valentía de narrar su escalofriante historia a dos escritores y que cuando las papas quemaron no se atrevieron a sepultar, de ser ciertas las acusaciones, a los monstruos que abusan de niños indefensos. “Mitad monjes, mitad soldados” es el libro escrito por Pedro Salinas y Paola Ugaz que recoge los testimonios de las supuestas víctimas de esos años de terror y perversion que se suscitaron bajo la mirada de un santo crucifijo. Me pregunto, ¿por qué no hay denunciantes?, y me respondo que se debe al temor al escándalo, ellos se dirán a si mismos, que ya tengo una familia, qué van a decir mis hijos, qué va a decir mi mujer. Una vez más caemos en el laberinto de la desidia, cavando el propio hoyo, donde podrían caer, Dios ni un Cardenal lo quieran, sus amados hijos, y tengan que pasar por lo que ellos quieren dejar en el olvido. Yo solo añadiré algo: “No te metas con mis hijos” (bueno, cuándo los tenga).

Tres sentencias que serán recordadas en el futuro, y que serán parte de aquel aprendizaje eterno, inconmensurable y necesario para nuestra evolución como sociedad. La primera podría sentar jurisprudencia y por ende el nacimiento de un gran precedente para un porcentaje importante de la población que lo único que desea es ejercer su ciudadanía plena; la segunda brinda luces al final de un largo túnel, al condenar a un ex gobernante por incurrir en graves delitos en ejercicio de su autoridad, así haya sido de facto, la enseñanza es como versa el refrán leguleyo: la justicia tarda pero llega; y la tercera nos recuerda que aún somos un país cucufato y temeroso de las instituciones tutelares, que la Iglesia tiene mucho poder, y que la impunidad aún campea a sus anchas como el Cid y su Babieca. El Derecho produjo estos documentos y la Historia los custodia para la posteridad. Algún día lejano alguien escribirá el desenlace de estas inacabadas relatas. Mientras dejemos que nuestros amigos abogados y legisladores continúen en su lid, desde su propia esquina, y los historiadores, desde la nuestra, al acecho de capturar sus apasionantes y a veces polémicas conclusiones, para usarlas como fuentes de nuestras propias y también a veces aberrantes reflexiones. Archívense definitivamente estos autos y devuélvanse a su juzgado de origen.



lunes, 26 de diciembre de 2016

La historia de Siddharta – Hermann Hesse

Acabada la I Guerra Mundial, Hermann Hesse escribe “La historia de Siddharta”, obra que narra el camino que transita el protagonista hacia la comprensión absoluta del yo y de la naturaleza de las cosas. Durante toda su vida, Siddharta ha buscado la perfección a través del conocimiento. Siendo joven abandona la casa paterna y se vuelve un samana, una suerte de santo mendicante que hasta hoy existen en La India. En sus viajes conoce al Buda histórico, por ello los acontecimientos se ubican alrededor de los siglos V o IV antes de Cristo.

Todos los personajes representan un aspecto de nuestra existencia: la sensualidad, el placer, la riqueza, la espiritualidad y la fidelidad. Y son justamente los estadios por los qué pasa nuestro protagonista, de ser samana se vuelve un rico comerciante, acostumbrado a los lujos, al juego y a la bebida, pero en ese proceso se da cuenta que ha abandonado su verdadero objetivo. Hesse, quien posteriormente ganaría un Premio Nobel, concibe la obra después de su viaje a La India, y a través de ella nos acerca a la religiosidad budista que no le era del todo ajena. Todas sus páginas están compuestas de reflexiones que fueron parte de la experiencia vital del autor, quien a través de Siddharta nos muestra que la vida y las decisiones marcan no solo el destino sino también el legado de los hombres.

Con el paso de las décadas Siddharta pasa de ser un joven rebelde a un anciano honorable que alcanzó la santidad a partir de la contemplación del río de la vida. El libro es corto en extensión pero enseña, principalmente a la juventud, que su espíritu cuestionador es lo que finalmente los hará libres. El autoconocimiento, la paciencia y hasta las experiencias mundanas son parte de ese camino difícil pero gratificante de una senectud apacible, donde la sonrisa eterna y el saber escuchar es la manifestación de un alma que ha encontrado la paz.


Un buen libro para leer en diciembre.


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