sábado, 12 de agosto de 2017

Lobos solitarios (Fernando Ampuero)

¿“Cuento largo”, “plaqueta”, “novelita”? No lo creo. Ya quisiéramos poder narrar de forma tan elegante y en setenta y un páginas el deterioro violento, no de una, sino de dos existencias ultimadas por la desesperación al no poder terminar de escribir sus libros, la historia final de dos hombres hermafroditas, angustiados por procrear un engendro literario. Xavier se llamó uno, Edmundo el otro. Y es que la última entrega de Fernando Ampuero no se reduce a sus dos grandes (y cortos) capitulitos, sino a la descripción suficiente, feroz y despiadada de estos escritores frustrados que se refugiaron como redactores en Caretas y que nunca alcanzaron el paroxismo de ver sus obras maestras culminadas y expuestas en un frío aparador.

Putero y alcohólico el primero; casado y con pasado el segundo. Las calles de Caylloma de los feos años ochenta cobijaron a este Xavier, hombre solitario y bebedor, amante de las putas de la noche y del llegar de amanecida, cuando los apagones y la escasez obligaban a las neurosis por la cera, o a las colas por el pan. Convivió en la redacción de la añeja revista con Edmundo, un prospecto del ayer en el que un libro publicó, y en el que fue calificado por Rulfo como un auténtico revolucionario de la literatura, sin imaginar que se extraviaría en el ascetismo marital que acecha detrás de las puertas de todas las promesas inconclusas. La fatalidad como colofón de estas dos almas en pena que habitaron cuerpos sin destino ni recuerdo, olvidados por la trascendencia de la indigna memoria de la humanidad que los ignora.

No es pues un “cuento largo”, una “plaqueta”, ni una “novelita”. Usando la misma palabra del autor para referirse a la obra de uno de sus colegas, es un "novelón", y a la vez una breve historia universal de la locura. Foucault hubiera perdido la razón momentánea al reconocer en estos dos a una nueva fuente de estudio, no a esos indecorosos leprosos de la lejanía medieval que fueron su pasión durante décadas, sino anacoretas que fenecen durante todas las épocas pasando vilmente desapercibidos. La raza de hombres inmortales que murieron, la estirpe orgullosa que vive en el fango, la especie armada de sueños que pulula en pesadillas, la manada de lobos solitarios que sabemos están allí y por ende no debemos acercarnos: los escritores que sin serlo, lo fueron, y por ello no aparecerán en ninguna antología.

* Foto de El Comercio.



martes, 8 de agosto de 2017

Steinbeck, Arturo y los Caballeros de la Mesa Redonda

Los hechos del rey Arturo y sus nobles caballeros, obra póstuma de John Steinbeck, es un libro que nos transporta literalmente a la mesa redonda y a su mágico mundo medieval. En él somos testigos de peleas contra gigantes, rescates de doncellas, brujas demoniacas, duelos entre caballeros indignos, animales fabulosos, lagos y bosques encantados, espadas de leyenda, reinas adúlteras y un sinfín de elementos de la tradición cristiana del medievo, la misma que se ve enriquecida con evidentes rezagos de índole pagana.

El autor basa su texto en otros más antiguos como el de Sir Thomas Malory, y afortunadamente para los que hemos crecido con los mitos del rey Arturo, Carlos Gardini traduce las palabras del inglés medieval de tal forma que logra hacernos respirar el espíritu de tan lejana época anglosajona. Este libro inacabado fue publicado por sus editores a la muerte del Premio Nobel y es un testimonio de sus inagotables intentos por escribir una obra que trascienda a la historia y que la contenga a la vez.

La versión que tengo entre manos pertenece a Penguin Random House Grupo Editorial, donde además de Arturo y de otros menos conocidos, desfilan su pérfida hermana Morgan le Fay, el famosísimo mago Merlín, su padre el rey Uther Pendragon, su madre la reina Igraine, su hermosa esposa Ginebra, y su más grande caballero Sir Lanzarote. Cada uno de estos, lejos de ser personajes secundarios, se vuelven protagonistas inmortales de la trama. Sus aventuras, sus sufrimientos, sus traiciones, sus miedos y sus hazañas son las que dan forma al tremendo relato.

No obstante lo anterior es un libro que aporta más a la erudición que al entretenimiento. Por momentos puede pasar por pesado y hostil dado que el autor busca respetar el inglés de sus antepasados así como establecer estereotipos bastante cerrados de sus inolvidables personajes, recordemos que estos son parte de la cultura popular de Inglaterra y gran parte de su mitología se la deben al rey Arturo, por ello el tratamiento tan delicado. Sin embargo, a pesar de estas insensibles palabras, el texto nunca baja los brazos, logrando mantener una línea transversal cualitativa de innegable categoría literaria, mítica e histórica. Una obra para custodiar en la biblioteca y no para dejarla a merced de cualquier mirada sacrílega.


domingo, 6 de agosto de 2017

La pornografía del intelecto (4): La Estrella de Martín Adán

Fue la noche anterior. El vendedor le entregó la primera edición de la tesis que buscaba desde algún tiempo atrás, De lo barroco en el Perú. Rafael de la Fuente Benavides la había escrito en un manicomio con la finalidad de obtener su doctorado, y fue allí en medio de los locos que encontró la tranquilidad para terminarla, lejos de los hoteles sucios y de las borracheras con las que tuvo que convivir durante toda su vida.

- Un gusto conocerlo señor Naldo, son 70 soles por la tesis de Martín Adán.
- Gracias, démela, estemos en contacto, todavía hay algunos de sus libros que me interesan.
- Perfecto, y pase usted un buen cumpleaños.

Se habían reunido en la Plaza Francia y el hospital estaba a varias cuadras. Al llegar entró con una mentira y con el libro bajo el brazo. El Arzobispo Loayza recibía así a su ilustre huésped, fallecido en sus instalaciones en enero de 1985. En sus registros mortuorios figura su nombre Rafael de la Fuente Benavides, pero en los recuerdos de sus habitantes más antiguos el de Martín Adán, su seudónimo. Martín por el mono de Darwin, Adán por el primer hombre. Naldo cumplía así una promesa, llevar al poeta al lugar donde todo terminó, porque el principio no importaba para él, solo el inesperado final. 

Lo había admirado desde sus tiempos de estudiante sanmarquino, cuando leyó una de sus más grandes creaciones:

Desde antes del Tiempo, Dios me espera;
Que me es, sin vaticinio, el sumo vate
El que inventó el latido porque late
La substancia que soy, bruta, primera.
Y tal substancia es de Él, a mano fiera, 
A mano torpe, a mano que se abate...
¡Rigor de mío y lascivia y dislate!...
¡Arcilla suya, ruín, blanda, postrera!...
Postrera siempre; y no... que abre sonrisa
Subintrante y tenaz, de linfa a brisa,
En faz de masa de eterno y de ahora.
¡Vete, pues, Pegadizo Ángel, alante...
Que Dios me está esperando en cada instante!...
¡Al ente divinal, por Su demora!...

El frío de agosto y el vendedor del libro le habían recordado su cumpleaños número 33, la fatalista edad en que murió Jesucristo, el hijo de su negado Dios. Con Martín Adán en una mano y con la soledad en la otra se fue a celebrar el inicio de aquel peligroso periodo y por un momento devolverle la vida al poeta, porque no era secreto que solo fue memorable en la medida que chupaba y escribía en servilletas. Abordó un taxi sin destino y con una indicación al chofer: vamos a pasear con Martín.

Naldo desconocía los gustos musicales de este hombre misterioso pero imaginaba que a un personaje de su erudición debía haberle gustado lo clásico, curiosa y prejuiciosa conclusión dado que siempre huía de su realidad al internarse en sanatorios con atormentante frecuencia. No era pues un hombre feliz, siempre escondido, ermitaño, alcoholizado y huraño con esa sociedad que sin entenderlo lo premiaba y lo llenaba de honores y distinciones académicas.

El libro, envuelto y sellado en una bolsa plástica transparente atravesó Lima y fue acomodado en la mesa sucia de un bar de mala muerte de nombre Cangrejo. Con sumo cuidado y respeto Naldo limpió el espacio para no maltratarlo. Al mismo tiempo que pidió la primera cerveza encendió la rocola. Aún estás en mis sueños de Rata Blanca fue la que inauguró la noche. Una hora después se le acercó. Cabello rizado, piel canela, labios carnosos y piernas gruesas. Su minifalda dejaba entrever que en ella el frío no hacía mella, ni tampoco los tacos a pesar de los baches de la pista.

- Lees Martín Adán – le dijo ella.
- He leído algunos poemas.
- ¿Me puedo sentar?
- Claro – y dirigiéndose al mozo – Trae dos cervezas más.

Mi nombre es Estrella, se apresuró a decir. Trabajo aquí pero para acompañarte debes comprar un trago diferente, hay de veinte, cincuenta y de ciento veinte soles. Si me compras el de veinte te acompaño aquí en esta mesa y podemos conversar y bailar algo suave, si me compras el de cincuenta nos vamos al privado donde te bailaré y me tocarás de la forma en que tú quieras, y si compras el de ciento veinte nos vamos adentro con un vino y nunca te vas a olvidar de mí. Naldo miró el libro que tenía a su lado a través de una pequeña cortina de humo, alejó el cigarrillo y dirigiéndose a Estrella le dijo:

- Hoy tú estarás con Martín, a mí tráeme a tres de tus amigas.

El ruido de los autos de la calle se mezclaba con el de la música sensual. Se habían ido al privado, un ambiente apartado de las miradas indiscretas donde los parroquianos dejaban desfilar sus bajos instintos. Al entrar se veían muebles con hombres sentados y mujeres moviéndose encima de ellos, de espaldas, de frente, besándolos, dejándose tocar las partes íntimas. Otras bailaban al ritmo de la atrapante melodía con su cliente detrás, de pie, mirando el oscuro fondo de la sucia pared. Naldo se sentó y compró cuatro vinos para tener "derechos" sobre Estrella y sus entusiastas colegas.

Mientras las tres chicas lo mantenían en un sacrílego estado de excitación, observaba como Estrella sostenía el libro de Martín y se lo pasaba por los pechos, por la vagina, por debajo de la humedecida ropa. Una orgía de literatura se estaba dando en ese pequeño espacio que nadie estaba autorizado a interrumpir salvo el impostergable amanecer. Los mozos interpretaban la escena como una situación fetichista, necrofílica o es que quizá Martín Adán había vuelto a la vida gracias a las manos y al cuerpo de Estrella, quien hipnotizada y muy suavemente se masturbaba con el borde más duro de su viejo lomo, resucitando al vate hasta la eyaculación.

Los recuerdos de esa noche se redujeron a pequeños charcos de lo que pudo ser un gran océano de detalles y geografías corporales, pero esta vez otro fue el protagonista. Al día siguiente el libro De lo barroco en el Perú se hallaba en su ordenada biblioteca, y Naldo, después de su inesperada y maldita bohemia, solo pensaba en lo incomprendido que fue este gran poeta peruano, por su voluntaria reclusión en un manicomio y al mismo tiempo por haber disfrutado del placer de la libertad que le otorgó su propio y excesivo libertinaje. Un hombre de extremos mundanos y una Estrella del cielo se conocieron en aquella noche, y un solo testigo puede dar fe de lo que realmente acaeció entre estas dos almas en eterna pena.



lunes, 31 de julio de 2017

Alcances sobre la implementación del Expediente Judicial Electrónico (EJE)

El día viernes 21 de julio se llevó a cabo la conferencia Implementación y Funcionamiento del Expediente Judicial Electrónico. En esta, Héctor Lama More, presidente de la Comisión de Trabajo del Expediente Judicial Electrónico del Poder Judicial, disertó sobre la importancia del uso de las tecnologías de información para la gestión de los procesos judiciales, anunciando que a partir del 03 de agosto de este año se implementará un piloto que permitirá la presentación de escritos en formato digital y el acceso o consulta de los expedientes del mismo modo. Alineados con el Acuerdo Nacional por la Justicia, la Política Nacional de Modernización de la Gestión Pública al 2021 y a la Política Nacional de Gobierno Electrónico 2013-2017, el Poder Judicial iniciará este piloto en el 4to Juzgado Comercial, y tiene planificado extenderlo a las especialidades de Tributario y de Mercado, así como a los procesos de la Nueva Ley Procesal del Trabajo para diciembre.

En vista de la necesidad de modernizar los servicios del Estado y a sus compromisos asumidos, el Poder Judicial ha venido implementando en forma parcial algunos productos tecnológicos para la gestión de los procesos judiciales:
  • El SINOE: Casilla electrónica donde se notifican resoluciones para los procesos judiciales. Esta casilla envía alertas electrónicas a las direcciones de correo electrónico de los titulares de las casillas.
  • El CEJ: Plataforma donde se pueden buscar expedientes y encontrar las resoluciones emitidas por las cortes en formato Word.
  • Grabación de las audiencias de especialidad Laboral: Las audiencias que se llevan a cabo son grabadas a fin de conservar en formato audiovisual la actuación de las partes en la conciliación, en el juzgamiento, en la vista de la causa, etc.

En esta nueva etapa el Poder Judicial ofrece dos nuevos productos que pondrá a disposición de los ciudadanos:
  • La Mesa de Partes Electrónica: Mecanismo que permitirá presentar escritos en formato digital. Constará de un formulario electrónico donde se consignarán los datos del proceso y del usuario, así como una sumilla para clasificar el escrito presentado como archivo adjunto. Los anexos también podrán adjuntarse en distintos formatos. Al finalizar el procedimiento se generará un cargo que reemplazará al físico y que se añadirá automáticamente al expediente electrónico. Además de impulsar la justicia en línea, será un motor para la celeridad procesal.
  • El visor de documentos PDF: Consistirá en una plataforma web donde se podrá visualizar el Expediente Judicial Electrónico (EJE) completo. El sistema pedirá los datos de acceso de los usuarios quienes podrán hacerle seguimiento en tiempo real a los procesos sin necesidad de depender de la disponibilidad del expediente físico. Las ventajas de este visor se resumen en tres puntos: transparencia, seguridad y lucha contra la corrupción.

Si bien este cambio en la cultura de trabajo de los abogados y de los jueces será paulatino (y en palabras de Lama More, podría durar años), los abogados del sector privado deberán estar listos para enfrentarse a este escenario donde la tecnología será un elemento fundamental en la gestión de los procesos judiciales, no solo para mejorar los procedimientos internos de sus organizaciones, sino porque además los alinea con las metas que la administración pública se ha propuesto con miras al bicentenario de Independencia del Perú.


domingo, 25 de junio de 2017

House of cards Vs. Designated survivor

Frank Underwood es un brillante hijo de puta, un siniestro político que si nos regimos a la academia, es un genuino psicópata organizacional que busca llegar y mantener el poder a cualquier precio, es también, para los que no lo conocen, el protagonista de House of cards, una serie norteamericana que nos muestra su ascenso meteórico desde el Congreso hasta el sillón presidencial de los Estados Unidos de América. Este es uno de los personajes más perversos que ha visto nacer la televisión. Sus fechorías pueden tener repercusiones mundiales y su figura es el más claro ejemplo de cómo no debería ser un político honesto. Su actuar responde a la aplicación de los principios de Nicolás Maquiavelo. A su lado se encuentra Claire, su ambiciosa esposa, puede decirse que Frank es un producto delineado por ella, y que sus logros en la política se deben en gran parte a su apalancamiento. A pesar de ser ficción, ambos representan la realpolitik, donde prima el pragmatismo más aterrador y escasean los condicionamientos morales. No tienen hijos, son asesinos y son mutuamente infieles. Una pareja de temer más aún cuando comparten la Sala Oval.

Thomas Kirkman es la otra cara de moneda. Designated survivor es una serie que nos presenta a un hombre que llega al poder sin desearlo. Ante un ataque en el que perecen el Presidente, su gabinete (del que formaba parte como Secretario de Vivienda) y el Congreso de los Estados Unidos, “Tom” asume la presidencia por haber sido elegido el “superviviente designado”. Frente al desastre nacional y a la acéfala administracion tiene que enfrentar el reto de ser el hombre más poderoso del mundo, puesto para el que no se siente preparado. Tom tiene una familia constituida en base al amor, su esposa Alex es una mujer que cree incondicionalmente en él y le brinda su apoyo en todos los duros momentos que tiene que afrontar. Su gobierno, si bien accidentado, se rige por la transparencia, las buenas prácticas y por una idílica moralidad que difícilmente veríamos en muchos de los políticos de carne y hueso. Parece que sus creadores quisieron blanquear la imagen de la política estadounidense después del impacto del inefable Frank Underwood y su emocionante castillo de naipes.

Me pregunto si Donald Trump es tan fanático de Frank Underwood como lo fue su antecesor Barack Obama, o si ingenuamente prefiere a Thomas.

¿Y tú, por quién te inclinas?


domingo, 18 de junio de 2017

Rosa Chumbe, cine peruano de gran calidad

Rosa Chumbe es el reflejo insensible de muchas vidas ensombrecidas por la multitud del anonimato. El relato de una mujer policía, pero no de cualquiera, ella es alcohólica y ludópata, una mujer que se mueve entre callejones infestados de malvivientes y pistas rotas. Sus días transcurren en una atmósfera trágica, el barrio feo, un bebé que llora de hambre, la plata bajo el colchón. Todos los días toma un ron de trece soles, curiosa cantidad cabalística que contiene su perdición, se come un chaufa barato después del casino y pide yapa a la tía del ambulante anticucho. No hay razón para su sombrío presente y por momentos pienso en “El proceso” de Kafka o en el insecto de “La metamorfosis” y los inexplicables giros que experimentaron sus desgraciados protagonistas.

Una antihéroe limeña que pasea en buses viejos y destartalados, cuya hija Sheyla roba sus ahorros para abortar de forma clandestina, y que trabaja en las llamaditas de “china”. El show cómico del Gordo Casaretto es lo que la saca de sus prolongadas tristezas y el Señor de los Milagros quien termina salvando su alma, o quizá devolviéndosela al cuerpo. No hay festejos ni en el final inesperado y esperanzador, el silencio que también forma parte de los pocos diálogos se apodera de los ojos que se atreven a mirarla desde la esquina hipócrita de una lejanía que no existe. ¡Cuántas (o cuántos) Rosa Chumbe hay en la capital!

Una pequeña obra maestra que penetra en el silbido cobarde de los que observan la desdicha y la dejan pasar, de aquellos que se comen un menú mientras niños pobres cantan con sus gargantas heridas para un pan, o que ven, indiferentes, como un piraña roba para comprarse terokal. Nada sobra en esta desesperada película, pues regurgita las vergüenzas de una ciudad asolada por la desventura, en la que la fe puede ser la única razón que queda para salir del hoyo existencial o de la espiral que infinita se dirige hacia abajo. No existe una razón para abandonar la soledad.

Rosa y Sheyla nos dejan un involuntario mensaje, y es que la expiación o el arrepentimiento pueden salvar una vida, mientras que el miedo o el enojo pueden acabar con ella. Resurrección y muerte es lo que cada una termina por representar, lastimosamente, lo inverso a la historia de Dios, o de su hijo que igual da. Una vez en su laberinto, en su fotografía, en sus planos, en su Centro, en sus multitudinarios reveses, Rosa Chumbe no termina, o esa es la sensación que nos deja su milagroso minuto final, cuando amanece y ya todos están dormidos. Una gran producción nacional, del director Jonatan Relayze.


martes, 13 de junio de 2017

Los abogados de Breaking Bad

Breaking Bad es la historia de un viejo profesor de química cuya inteligencia había caído en el desuso y que un día cualquiera se entera que le quedan solo unos meses de vida por un agresivo cancer al pulmón. Con un hijo encima y otra por venir toma una decisión radical que debería asegurar su carísimo tratamiento y el futuro de su familia: empezará a “cocinar” metanfetaminas y se convertirá en traficante de drogas. Este es el comienzo de una trepidante sucesión de hechos que narran la incursión de Walter White y de su joven socio Jesse Pinkman en este peligroso mundo de cárteles, asesinos y de abuso de alucinógenos.

Breaking Bad ha sido calificada por muchos como la mejor serie de la historia, por ello ha generado cientos de artículos alrededor del mundo, por lo que no es mi misión darles un inútil resumen ni ditirámbicos elogios porque ya demasiados lo han hecho. Si buscan una recomendación, pues la tienen, pero esta vez solo me limitaré a presentar a los abogados que aparecen en la serie dado que se pueden identificar dos estilos claramente diferenciados, y por qué no, maniqueos en el manejo de sus valores y ética profesional.

Por un lado está Pamela, una abogada de familia que asesora a Skyler, la esposa de Walter. Skyler acude a esta solicitando sus servicios en el trámite de divorcio que desea iniciar contra su esposo. Pamela debe salvaguardar los intereses de su clienta y pregunta sobre las sospechosas finanzas de Walter recordándole a Skyler el compromiso de confidencialidad abogado/cliente. Cuando se entera que Walter trafica con metanfetaminas solicita el permiso de Skyler para denunciarlo pero esta se opone. Esta abogada nunca piensa en lucrar con la desgracia de su clienta, tampoco traicionó el secreto profesional, y hasta donde se ve, mantiene una conducta intachable dado que quiso denunciar el delito a las autoridades.

La otra cara de la moneda es Saul Goodman, un egocéntrico y ambicioso abogado que representa los intereses de Walter y de todos los villanos principales de la serie. Este, además de abogado y consejero, es una suerte de puente entre sus clientes y otros personajes aún más oscuros, como narcotraficantes, sicarios, o gente que puede crear identidades falsas a prófugos de la justicia o del hampa. Evidentemente cobraba altos honorarios y comisiones por sus asesorías, contactos, información y por guardar en su despacho millones de dólares que debido a la rapidez con que se ganaban aún no podían ser lavados ni gastados. Este abogado rompe todos sus principios, complota, traiciona y hasta es cómplice de innumerables delitos, por lo que muy pocos estudiantes de Derecho lo querrían como mentor.

La evolución de Walter White ante la inminente llegada de su muerte lo lleva a explotar al máximo sus capacidades, descubriendo el monstruo que escondía en su interior y que nadie está libre de parir ante situaciones tan extremas, pero valgan verdades, su historia estaría incompleta sin Saul, su inefable asesor legal, quién apalancó muchos de los intensos capítulos donde su cliente fue el irrefutable protagonista.




lunes, 12 de junio de 2017

Julio Abanto: El Congreso de la República durante la ocupación chilena: Chorrillos, Ayacucho, Cajamarca y Arequipa, 1881-1883.

Pocas personas conocen los trágicos sucesos que acaecieron durante la ocupación chilena de nuestra capital, mucho menos las circunstancias en las que se firmó el Tratado de Ancón a través del cual Miguel Iglesias cedió Tarapacá a nuestros enemigos, dejando Tacna y Arica para un posterior plebiscito que decidiría sus destinos. Una dosis de historia nunca viene mal.

Entre 1881 y 1883 resaltaron cuatro personajes: Francisco García Calderón, Nicolás de Piérola, el mencionado Iglesias y Lizardo Montero. Cada uno de ellos estableció asambleas legislativas en distintas zonas del país: Chorrillos, Ayacucho, Cajamarca y Arequipa. La razón: justificar su mandato con un Congreso para hacer frente a los chilenos instalados en Palacio de Gobierno y en distintos puntos estratégicos de nuestro territorio.

El libro señalado en el título estudia estas asambleas desde la perspectiva histórica a partir de investigaciones realizadas en distintos archivos y bibliotecas del Perú. El resultado: un libro que de forma transversal recorre la historia política del Congreso, la historia de su composición social y económica, la historia de sus leyes, la historia de sus relaciones internacionales, la historia de sus intereses, y como no, la historia de sus corrupciones.

Cuatro asambleas de corta duración que jugaron un rol determinante para sus líderes o caudillos mientras Andrés Avelino Cáceres perdía en Huamachuco gracias la inacción de sus integrantes. Pareciera que no podemos silenciar a Vico y a su historia circular, ni tampoco amordazar a Mircea Eliade y a su eterno retorno: el Congreso siempre tuvo los mismos problemas, intereses económicos y políticos, corrupción, personajes innombrables y fraudes electorales, tanto en el siglo XIX como en el XXI.

Considero tres los méritos de esta obra. El primero es el aporte historiográfico. Muchos dicen que la Guerra del Pacífico es un tema de investigación agotado, Julio Abanto desmiente este mito académico al elaborar su estudio con nuevas fuentes y desde una perspectiva novedosa que sin duda echará raíces en los años posteriores. El segundo mérito es indirecto, desenmascara el accionar de esta importante institución en la “larga duración” braudeliana, a pesar de analizar un periodo corto, basta con mirar nuestra realidad para ver las evidentes recurrencias. Y el tercero es al nivel sociológico, pues de su lectura concluimos que seguimos adoleciendo los mismos males de los años previos a la aciaga guerra: desunión nacional, interés personal sobre el colectivo, representatividad casi nula de las minorías y un largo y triste etcétera.


El libro de Julio, de quien puedo asegurar un incansable rigor académico, debe ser lectura obligatoria no solo de historiadores, sino también de internacionalistas, abogados, politólogos, sociólogos, militares, y de cualquier ciudadano que desee conocer el actuar de la clase política, terrateniente y militar durante este conflicto internacional cuyas heridas se reabren muy de vez en cuando en ambos lados de la frontera.


domingo, 11 de junio de 2017

Inquisiciones peruanas: una diablura de Fernando Iwasaki Cauti

Nos han hecho creer que la Lima del siglo XVII olía a santos y procesiones, sin embargo, la Santa Inquisición custodia historias que nos podrían aterrorizar. Beatas dominadas por la pasión, íncubus atacantes de la noche, santos erectos, negros sodomitas, curas seductores de confesantes, falsos hombres de Dios, pecadores, lascivos, nigromantes, violadores, pederastas de sotana, adúlteros, en fin, hubieron quienes se alzaron contra las enseñanzas de la Santa Iglesia Católica y que condenando sus almas al Infierno, estuvieron en su Paraíso durante su vida terrenal.

Fernando Iwasaki los rescata del olvido y lo hace a través de pequeños cuentos basados en historias reales extraídas de archivos peruanos y extranjeros. Y lo consigue haciendo gala de su inagotable erudición mezclando historia y literatura. Desfilan en sus relatos todos estos personajillos que escandalizaron a su época en medio de citas filosóficas, patristicas y doctrinarias propias del barroco de este siglo y del posterior sin perder el humor y la ironía. Si son amantes del barroco y no son embusteros hipócritas ni santurrones, este librito les va a fascinar.

En palabras del propio autor, uno de los objetivos del libro es buscar su propia excomunión. Si este sacrílego escritor logró su cometido entonces el Diablo, que tantas veces aparece en su narración, estoy seguro que lo recibirá con los brazos abiertos en medio de jocosas llamas infernales. El título original es el siguiente: Inquisiciones peruanas: donde se trata en forma breve y compendiosa de los negocios, embustes, artes y donosuras con que el demonio inficiona las mientes de incautos y mamacallos. Lamentablemente muchos de sus protagonistas fueron víctimas de los terribles autos de fe donde acababan con sus vidas. Si hubiesen nacido en nuestra época, según Fernando Iwasaki, muchos serían estrellas de la televisión. Amén.


lunes, 15 de mayo de 2017

Utopía. La sociedad imposible de Tomás Moro

Un Estado “ideal” pero irrealizable, cuyos gobernantes y funcionarios son elegidos a través de una incipiente pero eficaz democracia, donde se reconoce al más capaz y se reduce a la esclavitud a los que faltan a las leyes. Una sociedad pacífica pero que aprendió a defenderse, que desprecia las piedras preciosas y que distribuye los bienes de manera equitativa porque en ella no existe la propiedad privada. Esto es Utopía, el país imaginado por Tomás Moro en su novela homónima.

Ubicada en los recuerdos de Rafael Hitlodeo, un viajero que habría surcado el océano en los barcos de Américo Vespucio, Utopía aparece retratada como contraposición de las sociedades del periodo humanista. En su ficción Moro entabla una conversación con este aventurero, quien rechaza trabajar para los príncipes porque estos privilegian la propiedad privada y se han vuelto egoístas. Rafael describe Utopía para demostrar que existen formas alternativas de gobierno, de moral, de justicia, y de distribuir la riqueza acumulada por los aristócratas.

Algunos reconocen este libro de 1516 como un antecedente directo del socialismo utópico de mediados del siglo XIX. En esta época un puñado de pensadores ensayaron experimentos para llevar a cabo el ideal socialista antes del manifiesto de Marx. Algunos, los más osados, fundaron comunidades autárquicas donde la propiedad era colectiva y el dinero réprobo, pero sus resultados no fueron muy alentadores dado que se enfrentaron a un mundo con valores diferentes y contrarios a los suyos.

Al igual que Moro, sus ideales acabaron traicionados por el inclemente látigo de las circunstancias adversas. Este influyente libelo, en el que criticaba sutilmente a su propia realidad encierra toda una filosofía política que ha sido materia de importantes ensayos e investigaciones, por ello recomiendo su lectura, no solo por ser un libro fundamental en la historia del pensamiento occidental sino porque hace poco se conmemoraron los quinientos años de su inmortal aparición.

Una lectura que implica más compromiso que placer, con referencias clásicas que ejercitarán sus neuronas, sin embargo, no perderán la cabeza ni se convertirán en santos como su obstinado autor. 


domingo, 14 de mayo de 2017

Penny Dreadful, una poética serie de terror

Las creaciones literarias de Oscar Wilde, Robert Louis Stevenson, Bram Stoker, Mary Shelley y distintos personajes de la cultura popular son llevados a la pantalla chica para mostrarnos a través del terror, una serie de dimensiones poéticas ambientada en el siglo XIX británico y estadounidense.

La literatura, la filosofía, el mito, la ética y la religión se juntan en esta mistura de tres temporadas, en la que veremos a Drácula y a su incondicional Renfield, al Dr. Víctor Frankenstein y a su “monstruosa” creación, al Dr. Jekyll y su suero “milagroso”, a Dorian Gray y su cuadro de inmortalidad, al mismísimo Lucifer y a sus brujas demoníacas.

Los hombres lobos atormentados por sus licántropos pecados, las prostitutas londinenses y sus ansias de venganza feminista, la riqueza de los aristócratas versus la pobreza extrema de los proletarios de las fábricas de la Revolución Industrial, la vida digna contra la muerte inacabada, la eterna lucha por el bien de algunos y el mal para los otros, el salvaje oeste norteamericano, la tuberculosis y la lepra como estigmas de los desposeídos.

Por momentos es una serie psicológica, en otros policial, de acción, de suspenso, erótica, mítica, siempre lírica, siempre gris, para verla en soledad. Gran actuación de Eva Green en el papel de Vanessa Ives, una mujer atormentada por demonios que quieren su sumisión, y a través de esta desatar el final de los tiempos del hombre.

No brindaré más detalles de esta bien lograda serie siniestra, solo añadiré que a través de ella se puede encontrar humanidad, piedad y amor hasta entre los seres nocturnos y deformes más insospechados, mostrándonos que los seres humanos somos esa rica mezcla de bondad y maldad, de fealdad y belleza, y que somos libres de elegir, de crear nuestros propios mundos, y por qué no, la forma en que deben terminarse. La ven en Netflix.


sábado, 6 de mayo de 2017

Merlí y la aplicación práctica de la filosofía

Platón, Maquiavelo, Aristóteles, Sócrates, Schopenhauer, Foucault, Guy Debord, Epicuro, Hume y Nietzsche no son solo filósofos desaparecidos, sino también, para nosotros los homo videns de Sartori, son algunos de los nombres de los capítulos de Merlí, una serie catalana que valiéndose de los postulados de los antes mencionados teje una entretenida y pedagógica trama en torno a un profesor de filosofía, sus alumnos y sus padres, su madre, sus mujeres y sus colegas.

Merlí es este profesor que tiene por alumno a su propio hijo y a un grupo de jóvenes a los que les enseña filosofía de un modo poco convencional, este les inculca el librepensamiento y los llama “los peripatéticos”, en honor a los integrantes de la escuela aristotélica y por ser sus aprendices. Aparecen representados de esta forma los recordados “solo sé que nada sé”, “el fin justifica los medios”, el mito de la caverna, el pesimismo, los escépticos, los sofistas, el superhombre.

Lo anterior se mezcla inteligentemente con la aceptación del yo homosexual, la inclusión social de los introvertidos que han sufrido el bullying, la crítica del neoliberalismo, el cuestionamiento del sistema educativo “bancario” como lo definiría Paulo Freire, el rechazo de la hipocresía generalizada, y un afán por exaltar la forma de vida hedonista. Lejos de aburrir con grandilocuentes monólogos filosóficos, la serie aplica los conceptos para el entendimiento de la vida de estos jóvenes y los problemas que acarrea el proceso de descubrimiento de la vida adulta.

La primera temporada está en Netflix (a quienes estoy pensando en cobrarles por la publicidad), la segunda aún no llega a nuestro país, y para la tercera ya se firmaron los contratos en España. Apliquen el empirismo por esta vez, usen su maltratado sentido de la vista, no se arrepentirán, más aún si han experimentado el placer de leer algunas de las obras de estos olvidados personajes. Joder.



sábado, 29 de abril de 2017

La última tarde – Una película de Joel Calero

Sentado en solitario, en un cine medio vacío, recuerdo por qué vine a ver esta película. La trama, al inicio, no me había parecido muy innovadora. Días antes pude leer alguna crónica que me la describió como el reencuentro de dos esposos que tenían por decisión divorciarse. Hasta allí no pensé hacer la cola del ticket, sin embargo, líneas más adelante, escrito estaba que ambos eran ex integrantes del MRTA. Súbitamente me pregunté, seguramente como muchos, ¿se casaban estos asesinos de mierda?

Desde hacía un tiempo un debate en torno a la heroicidad de los Comandos Chavin de Huantar se había apoderado de diversos medios de comunicación. Yo estaba de acuerdo (Antonio Zapata no). Y ahora, en medio de este acalorado ir y venir de argumentos, algunos motivados por la pasión, por posturas ideologizadas, o por oportunismo político, una película nos mostraría un lado humano de dos ex amantes de la misma agrupación protagonista de aquel desdichado secuestro. Era al parecer, una mirada diferente, otra dimensión del mismo trasfondo de aquellos años violentos. Su director, en parte sanmarquino, había capturado totalmente mi atención.

La primera imagen que apareció en la gigantesca pantalla fue la de un hombre cualquiera sentado en un feo juzgado, su nombre es Ramón y es un cusqueño que trabaja vendiendo microcréditos. Su espera se ve interrumpida con la llegada de Laura, su esposa limeña a la que no veía en casi veinte años. La razón de su reencuentro es la firma de los documentos de su postergado divorcio, el mismo que había sido solicitado por la madre de Laura, quien quiere repartir sus bienes en herencia, para lo cual existe un único e indispensable requisito: que ella se separe de aquel hombre con el que huyó de joven.

Debido a que el juez no terminó de firmar algunos papeles, ellos se ven obligados a pasar unas horas juntos. De esta forma empieza una larga caminata por Miraflores hacia el mar de Barranco, tiempo que aprovechan para conversar sobre cómo les fue en la vida. Mientras veía esto, los otros espectadores reían al escuchar algunas frases de reproche de los actores con las que cualquiera se podría sentir identificado: el clásico “¿por qué te fuiste?”. Las parejas consumidoras de pop corn se miraban en complicidad, como diciéndose de forma telepática: podríamos ser nosotros, no sé, de acá unos años.

Todo este escenario de empatía audiovisual cambia cuando los protagonistas empiezan a recordar su antigua militancia. Ahora las miradas se esquivan y ya nadie quiere ser como ellos. La razón: son un par de “terrucos”. Este punto de inflexión marcará todo lo posterior. Sus diálogos, en una forma muy coloquial y natural, ponen en vitrina los cuestionamientos morales, sociales, subversivos y personales de ambos personajes. Ella, de una familia “pituca” y que siempre tuvo lo que quiso por un lado, y él, un muchacho pobre que veía en la lucha armada una forma de canalizar sus resentimientos. 

Se habían casado muy jóvenes y se amaron al mismo tiempo que abrazaban la bandera del MRTA. Mi reduccionista pregunta inicial había sido respondida. Sin etiquetas ni prejuicios vemos aquí a una mujer que si bien militó en una agrupación terrorista nunca terminó por estar convencida de sus métodos, por lo que tuvo que renunciar, desapareciendo a costa de una delación quizá involuntaria, ocasionando la muerte de uno de sus camaradas. Por otro lado, en él encontramos a un sujeto vencido por las circunstancias, empujado a ofrecer dinero a pequeños emprendedores, “ayudándolos” a salir adelante a costa del pago de un interés, trabajo que le da de comer pero que en el fondo desprecia.

En estos individuos encontramos la fractura que quiere sanar la CVR. Su encuentro íntimo con el pasado, la consecuencia de sus actos a nivel personal, las distancias de las clases sociales, el revanchismo, la identificación con el otro, así sea o haya sido un partidario de crímenes inenarrables. ¿Pueden perdonarse ellos mismos?, ¿la sociedad podrá perdonarlos algún día?, la película pone en el tapete estás difíciles preguntas de una forma inteligente y que obliga a la reflexión, no solo moral o ideológica, sino también en su magnitud sociológica. No dejen de ir a verla, no porque sea una película peruana, sino porque transmite ese país que vemos todos los días y que ignoramos volitiva e indiferentemente, esperando que el olvido haga su estoico trabajo.


martes, 25 de abril de 2017

Hemingway y “El viejo y el mar”

Ernest Hemingway fue un Nobel como pocos. Solo él pudo darse el lujo de agarrarse a trompadas con Francis Scott Fitzgerald en un combate memorable, beber orgiásticamente con James Joyce y hablar con el Ulises en su inconsciencia, cazar leopardos y leones en la sabana africana, sobrevivir a dos accidentes de avión y a un incendio forestal, manejar una ambulancia en la Primera Guerra Mundial terminando herido y dirigir una cuadrilla ilegal en la Segunda, siendo el mayor de todos sus caprichos, muestra de una obstinación incontrolable, el haberse casado cuatro veces a lo largo de su vida.

Era pues, además de tozudo, un hombre fuerte, aventurero y alcohólico, con un gusto excesivo por los placeres de la vida, que lo llevaron, paradójicamente, muy cerca de la muerte. Una vida cosmopolita, por tiempos aristocrática y mundana, que acabó de un balazo de escopeta en su boca, cuyo gatillo fue jalado por su propia mano, ante la negativa del destino que no le permitía morir de forma natural, ni por sus huesos rotos, ni por la metralleta que descargaron en sus piernas cuando fue soldado. El no se rindió ante la muerte, por el contrario la miró a los ojos y ella se postró ante él, he ahí la razón de su existencia inmortal.

Un representante genuino de la “Generación Perdida”, aquella pléyade de artistas hastiados de la situación del mundo, que no pertenecieron a ningún lugar, y que terminaron siendo de todos en el París de los años veinte del siglo pasado. Con él no existe la duda, su obra es universal. “El viejo y el mar” es la prueba irrefutable de esto. En una curiosa concurrencia, los seres más desgraciados terminan creando las novelas más esperanzadoras, como la de un anciano a quien la suerte le ha dejado de sonreír y que saca fuerzas de donde no las hay.

Santiago es el nombre de este pescador cubano, quien después de una mala temporada de pesca que ya se extendía por ochenta y cuatro días decide salir a mar abierto a pelear contra su desdichada fortuna. Una vez allí sus anzuelos atrapan un pez de dimensiones descomunales. El viejo Santiago no va a rendirse ante la oportunidad de matarlo y "alimentar a mucha gente con él", así que se enfrasca en una lucha de tres días a fin de lograr su tan ansiado objetivo. Santiago no deja de admirar su fortaleza, y pelea hasta el momento en que por fin logra clavarle el arpón.

Pero la historia no queda allí. La sangre del pez atrae a diversos grupos de peligrosos tiburones, a los que Santiago también mata defendiendo su presa. Es una lucha feroz mientras alucina y conversa consigo mismo en escenas casi delirantes y llenas de frases entrecortadas y de aliento en medio del hambre y del dolor. A pesar de las adversidades el viejo nunca capitula y logra llegar a puerto con los restos esqueléticos de su cacería marina, causando admiración entre los turistas y otros pescadores que lo daban por perdido o por muerto, entre ellos Manolín, un joven con el que trabajaba y que es su compañero y discípulo.

La perseverancia, la lucha contra la adversidad, la fortaleza en los momentos más difíciles y la solidaridad son los gritos ahogados de una generación que vivió dos guerras mundiales, aquellas ocasiones en que las circunstancias demostraron que no peleamos por la supervivencia sino por nuestras codiciosas necesidades insatisfechas. El viejo Santiago no es nada más que un hombre que batalla por lo suyo, como los hay millones, y su historia, como la de la gran mayoría, perecerá en el olvido debido a que prestamos atención a los “grandes hombres”, muchos de los cuales no merecen ser recordados.


miércoles, 19 de abril de 2017

Orgullosamente solos - José Carlos Yrigoyen

Carlos Miró Quesada Laos, un ex director de El Comercio y propulsor incorregible del fascismo en el Perú, es el personaje en torno del cual gira esta novela inclasificable. Escrita por su nieto desde la distancia que proporciona el tiempo y la muerte, José Carlos Yrigoyen, el aludido, nos brinda a la vez, y estoy intentando descifrar, quizá un testimonio catártico, quizá una confesión familiar, quizá una historia escondida de Haya de la Torre. No estoy seguro, no lo sé.

Lo evidente, desde sus iniciales páginas, es lo que sigue: “es un novelón”, como me parece haber leído opinar al barbón Ampuero de esta gran entrega. La historia como devenir es solo un mantel, en el que se sirven los platillos de la intriga, la política, la traición, la diplomacia, la infidelidad, y en todos los aspectos, de forma transversal, la doble vida de este también ex candidato a la presidencia del Perú, finalmente un hombre, con sus convicciones, odios y postergadas venganzas.

Jose Carlos Yrigoyen nos relata la vida pública y privada de este su abuelo materno, uno de los más poderosos e influyentes Miró Quesada, protagonista de casi cuarenta años de historia republicana, enemigo acérrimo de los apristas (que le asesinaron a los padres), y que era partidario de los tristemente célebres Adolfo Hitler y Benito Mussolini allá por la década del treinta, editando periódicos, libros y panfletos en abierta campaña pro implantación de la ideología fascista en nuestro país, a sus ojos, eternamente en crisis, como escribiera en uno de sus textos.

Es un libro, me da la sensación, escrito por una imperiosa necesidad del autor de encontrarse consigo mismo, y a la vez desarraigar de su memoria la imagen con la que lo convencieron del buen hombre al que siempre admiró y que finalmente tuvo que poner en evidencia al romper el mito de su falso recuerdo. El producto es un anecdotario político, un esforzado memorial, un ensayo histórico, un desenmascaramiento del APRA, un recordatorio de las infames alianzas que se repartían el país y los cargos públicos a mediados del siglo pasado.

Lejos de ser una apología a la figura del abuelo, y tampoco una férrea reivindicación de la abuela, la otra gran protagonista de la novela (y su amante por décadas), nos acerca de modo extremo a una realidad que tenemos más vigente de lo que imaginamos: la hipocresía de la sociedad limeña, aquella que tira la piedra para esconder la mano y que ve en el pecado de algunos, la salvación de los otros; aquella que vela por los intereses particulares antes que por el beneficio común. Nadie la amó jamás.

Independientemente de literaturas, Yrigoyen, documentado hasta el tuétano, aunque no sé si queriendo, nos regala uno de los libros de historia más entretenidos que he tenido la oportunidad de disfrutar desde el inicio hasta sus últimas palabras. El fascismo peruano, el actuar de El Comercio a lo largo de los años, el partido de la estrella, la influencia de los Miró Quesada en el tejido del poder, el Buenos Aires de la II Guerra, la Italia del Duce, la Alemania del Führer. Todo cuadra perfecto en esta indagación voluntaria de sus encopetados orígenes. Lo recomiendo, totalmente, más aún si tienen un pasado con el que no pueden dormir tranquilos en la misma cama.



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