lunes, 29 de agosto de 2016

La boca del lobo – Una mirada a nuestra olvidada historia reciente

Una película de dimensiones arguedianas, que nos remonta a un pasado reciente en el tiempo, pero lejano en nuestra olvidadiza memoria. “La boca del lobo” de Francisco Lombardi es, sin lugar a dudas, la mejor película que ha visto aparecer este extraño país amante de “asu mares” y “aventuras culinarias”. Proyectada por primera vez en 1988, en medio de voces que querían acallar la suya, el valiente filme resume en 128 minutos gran parte de nuestras deudas como país, de nuestros traumas históricos y de nuestros “convenientes” silencios nacionales. Es por ello su gran valor sociológico, educativo e inclusive artístico, dado el cuidadoso tratamiento del que fue objeto un tema tan sensible como lo es la etapa del terrorismo. En las líneas venideras no voy a presentar un argumento lineal ni reseña porque eso abunda en la red, mi intención estará limitada a rescatar el significado y los símbolos que pude extraer de la misma y de sus complejos personajes, sean estos metabólicos, paisajísticos u omnipresentes, por ello recomiendo ver el film antes de continuar el siguiente párrafo.

1. El pueblo de Chuspi. Los hechos transcurren en Chuspi, un pueblo que existe en la ficción ayacuchana, que bien podría ser cualquier rincón de la serranía debido a las recurrencias en sus atmósferas: la plaza que derrocha melancolía, el silencio de las casas de adobe, la falta de energía eléctrica, los sinuosos caminos sin asfalto, los grandes espacios solitarios de la puna, los inexpresivos viejecitos sin dientes, los niños quemados sin educación pastando sus ovejas. Allí, en medio de ese ignorado paraje, una columna senderista, después de perpetrar un ataque, atraería a un contingente militar que da inicio a los nefastos acontecimientos que componen la película. El pueblo es un personaje colectivo, este adquiere vida propia de acuerdo a las circunstancias, en ocasiones es una obediente masa patriota cantando el himno de un país indolente, en otras es un festivo grupo alcoholizado que defiende sus derechos contra el pillaje de los militares, y por último termina siendo una víctima de la injusticia y de la arbitrariedad de dos bandos en enfrentamiento. Sin embargo, hay algo que nunca deja de ser, el vivo ejemplo de cientos de comunidades campesinas que habitan en toda la extensión de los Andes, siempre postergados por sucesivos gobiernos.

2. Iván Roca: Este personaje puede ser analizado desde dos ángulos diferentes. Desde una perspectiva psicológica es un militar que arrastra tras de sí una profunda depresión y frustración ya que a pesar de haberse graduado con méritos, nunca pudo ascender de Teniente por problemas de conducta. Su objetivo primordial es demostrar su valía para las Fuerzas Armadas y para sus subalternos en pos de una promoción de grado, llegando al extremo de perpetrar masacres para ocultar sus cobardes errores, no sin antes involucrar al resto de su tropa en el delito. Si lo vemos desde una perspectiva sociológica este representa al Estado, en ese momento incapaz de enfrentar a las huestes senderistas con la fuerza bruta (ya que finalmente lo hizo con Inteligencia). Se le puede entender como una consecuencia de la improvisación y de la aplicación de la “mano dura” con la que actúa el Estado en determinadas ocasiones con resultados negativos (recordemos el Baguazo). Los métodos a los que acude para implantar su régimen y conseguir testimonios del paradero de los “terrucos” son la tortura, la amenaza, el amedrentamiento, y finalmente el asesinato de decenas de personas, entre las que se contaban mujeres y niños inocentes, los mismos que terminaron en una fosa común improvisada entre un cerro y grandes cantidades de dinamita.

3. Vitín Luna: Es un suboficial que llegó a la zona de conflicto con la intención de ganar méritos y postular a la Escuela de Oficiales. Al inicio muestra cierto desdén hacia los pobladores, sin embargo, muy rápidamente aflora su compasión. Es importante resaltar que compasión no es lo mismo que identificación, no es pues el Gonzalo Guerrero de las crónicas mexicanas, él se limita a observar y no cae en la asimilación, e inclusive también roba animales de vez en cuando para alimentar a la tropa. Sin embargo, fue el único que tuvo el valor de enfrentar a Roca cuando este, al asesinar involuntariamente a un campesino, termina ametrallando a todos los asistentes de una boda para ocultar su delito. Vitín Luna no deja de ser un personaje citadino y militar, él extraña su capital y silencia sus labios ante el pillaje y los delitos de sus compañeros de armas. Finalmente expresa su rechazo a todo lo que representa el teniente Roca, con quien se juega la vida en una espeluznante “ruleta rusa”, aquel reto en el que dos contendores colocan una bala en el tambor de un revolver y apuntándolo en la sien, disparan hasta que uno de los dos reciba el infortunio y las paredes sus sesos.

4. Kike Gallardo: El mejor amigo de Vitín Luna y el culpable directo de la masacre de los campesinos de Chuspi. Es este el personaje en el que recae toda la miseria moral de un país en descomposición, en el cual hay violaciones, vejaciones, abusos de autoridad, arbitrariedades e injusticias indignantes. Gracias a él es que la película tiene, por momentos, cierto matiz nihilista y decadente, características que la perfilan como un film que no se quedó en el objetivo mercantil, sino que muestra los rasgos filosóficos de una sociedad que permite el desarrollo de individuos como este. Él, durante su permanencia en este alejado pueblo se volvió culpable de violación sexual, de hurto y de asesinato, lo que nos hace pensar en que el hombre aflora sus peores instintos en situaciones de desesperación extrema, mas aun cuando no hay una autoridad visible que juzgue las faltas, o peor aún, cuando el mismo perpetrador la representa para beneficio de sus propios fines.

5. Julia: Una joven campesina que trabajaba de vendedora en el pueblo, era víctima constante de Kike Gallardo, quien le consumía productos y no le pagaba la cuenta. Un día en el que Kike se encontraba ebrio fue en busca de Julia y empujándola hacia el interior de su pequeña tienda la violó. Julia representa a todas las mujeres violentadas sexualmente durante la etapa terrorista que a pesar de denunciar, nunca fueron escuchadas, al igual que las casi 4300 que sufrieron de este tipo de agresión, la gran mayoría sin sentencia hasta hoy.

6. La niña de las ovejas: Una pequeña niña que alimentaba a sus ovejas, aparece como un fantasma constante que solo se limita a observar los acontecimientos en silencio. Fue la primera testigo de un ataque terrorista, la única que vio en la puna a los militares en incursión en territorio agreste, y la que observó como huía Vitín Luna. Sus tres silencios aluden, en primera instancia, al sopor de presenciar un asesinato en su comunidad; en segunda instancia, a la esperanza, al ver a los militares buscando a los culpables del terror; y en tercera, a la resignación por ver como abandona su puesto el único militar que fue capaz de desobedecer las órdenes de un líder abusivo y criminal.

7. Los terroristas: El enemigo invisible que acecha durante toda la película. Los terroristas no se materializan en un rostro, solo en actos como pintas subversivas, emboscadas, asesinatos y pillajes. Aparecen como los grandes catalizadores de los trágicos acontecimientos, pero su incorporeidad los mantiene en un favorable segundo plano de la narrativa. El espectador no llega a identificar una imagen en la que depositar sus culpas. Una posibilidad del por qué los creadores desaparecen de escena a los terroristas es para que el espectador asuma la responsabilidad que debe recaer en sus hombros, dado que el abandono de estas regiones se debe en parte al centralismo de las capitales, a la desidia de malas autoridades y al histórico abandono al que las hemos relegado por un progreso que desde la mirada occidental, es lo inverso a lo que sucede en las alturas del país.

8. El miedo: Es el compañero más fiel de todos los personajes de la ficción. Aparece entre el pueblo, que no sabe a quién obedecer porque se ven amenazados, tanto del lado de los terroristas como de los militares; aparece entre la tropa, que vive a salto de mata por los enfrentamientos con sus enemigos; aparece en Iván Roca, quien asustado manda a matar a una treintena de personas para acallar a los testigos de su asesinato; aparece en Vitín Luna, cuando obedeciendo las torcidas órdenes de su teniente, escolta a las víctimas hasta su tumba final; aparece en Kike Gallardo, quien a pesar de sentirlo, logra hacer prevalecer sus propias aberraciones; y finalmente aparece en Julia ante la inminente violación de quien debía salvarla del azote terrorista.

Si “La ciudad y los perros”, basada en el libro homónimo de Vargas Llosa, desnudó completamente al Perú mostrando sus vergüenzas, “La boca del lobo” le puso la daga en el cuello, y con cierta manía psicopática, lo terminó desollando. Un film que ningún peruano debería dejar de ver para conocer su historia reciente y ejercitar la memoria verdadera, allí donde se erigen museos en su honor.


viernes, 19 de agosto de 2016

Tres series de Netflix para no morir en vacaciones

Si has salido de vacaciones y eres de esos extraños seres que en lugar de salir a una playa paradisíaca o aquí nomas a Canta, prefiere quedarse en pijama todo el día con un buen libro y solo comer hasta reventar, pues este es tu post. Sin embargo en esta ocasión no recomendaré libros ni películas basadas en ellos, esta vez escribiré sobre algunas series que podrían interesar a las almas curiosas de historia o literatura y cuyos ojos ya están pidiendo otra sana distracción.

Camelot. Un joven Rey Arturo de cabellos rubios, criado por una familia sustituta y mujeriego como él solo, habita un castillo de Camelot en ruinas, que sirve como albergue de pobres desamparados. Hay historia, magia, códigos, batallas, sexo y engaños palaciegos por el trono. Entretiene a pesar de su única temporada, la misma que queda inconclusa en su mejor parte. Si buscas alguna serie que se acerque, aunque sea en una mínima parte a GOT, esta es la indicada, dado que se desarrolla en un ambiente medieval, con caballeros y con un incesto, que aunque involuntario, enciende la curiosidad del televidente y reminiscencias Lannister por un desenlace que nunca llegó.


Tut. El antiguo Egipto, con la majestuosidad de su imponente arquitectura, legó para la posteridad a uno de sus gobernantes más famosos: Tutankamón. La serie nos relata la vida del joven Faraón, sus escapes por las calles de la capital del Imperio, sus batallas, sus amores y finalmente su muerte. Nos muestra cómo el Visir y los Generales poderosos podían representar un problema para la consolidación del poder real. Si bien era considerado un dios, el joven Tut pudo ser borrado de la historia hasta el siglo XX, época en la que se descubre su tumba con su impresionante ajuar funerario. Tan solo tres capítulos que transportan al televidente a un mundo fenecido, sangriento y sobre todo apasionante.

Sherlock. Seguramente Arthur Conan Doyle estaría conforme con la nueva adaptación inglesa de su personaje más conocido: Sherlock Holmes, el reconocido inspector o investigador privado del gorro de cazador y extravagante pipa. Ambientada en la Inglaterra del siglo XXI, los creadores nos transportan a la famosa 221 B de Baker Street una vez más para ser testigos de las aventuras de este con el recordado Dr. Watson, su fiel asistente y amigo. Sherlock dice ser un sociópata deductivo, pero más se ajusta a un Asperger con una habilidad impresionante para identificar y enlazar detalles que para otros pasan desapercibidos. Netflix tiene tres temporadas y sus fans están a la espera de la cuarta, de la que ya salió un emocionante trailer.



Como ven, si por un momento la biblioteca personal les deja de llamar la atención, estas series pueden darles algo de aire fresco. Aunque como lo he podido comprobar, siempre volveremos a los libros, y a ser eternos lectores reincidentes. Ojalá alguna serie toque este adictivo tema en uno de sus capítulos.



Pantaleón y las visitadoras (1973) – Mario Vargas Llosa

“Mi cantar es así, para ti mujer con amor, Contamana te vio nacer, con mucho placer...”. Suena en la radio la repetitiva melodía. Un día más en la calurosa Iquitos, década de 1950. La voz grandilocuente del locutor más sintonizado, el “Sinchi”, se transmite por los altavoces de los mercados denunciando las recurrentes violaciones de las que son víctimas las jóvenes loretanas por parte de soldados del Ejército Peruano. Ante tal situación, altos mandos de la institución envían a uno de sus más prometedores oficiales a poner fin al proceder sicalíptico de sus tropas. Su nombre, Pantaleón Pantoja, un intachable Capitán, quien con esposa y madre de escolta, llega a esta ciudad a cumplir una sacrificada misión secreta: implementar un servicio de “visitadoras”, que en cristiano significa prostitutas, para que brinden “prestaciones”, es decir, encuentros sexuales, al personal del Ejército destacado en las profundidades de la selva peruana.

Fiel a una férrea tradición, Pantaleón Pantoja es un oficial obsesionado con el cumplimiento del deber “sin dudas ni murmuraciones”. Educado en el seno de una familia que lo formó con altos valores cívicos, morales y militares, la misión le resulta al inicio odiosa dado que sus costumbres lo han mantenido alejado de frecuentar lupanares, meretrices, ebrios o lugares de mal vivir. Sitios que tendrá que empezar a pisar para poder cumplir con las órdenes que le han sido encomendadas y de la cual depende la canalización de los bajos instintos de los soldados violadores: fundar el Servicio de Visitadoras para Guarniciones, Puestos de Frontera y Afines (SVGPFA), el mismo que inicia operaciones el 04 de agosto de 1956 (curiosamente, el día y el mes de mi santo cumpleaños). Con el tiempo y contra todo pronóstico, el capitán Pantoja convertiría este servicio en la célula más eficiente de la institución castrense debido a sus innegables cualidades administrativas.

Acompañado principalmente del chino Porfirio, “Chupito” y su pareja “Chuchupe” (una antigua “mami” prostibularia que era responsable de reclutar a las féminas para el servicio), de dos soldados homosexuales (elegidos por su “indiferencia ante el sexo opuesto”) y de otros personajes secundarios, aborda la embarcación Eva o la avioneta Dalila para llegar a las bases militares con su preciada carga: mujeres para que los soldados puedan satisfacer sus necesidades sexuales a vista y paciencia (y con presupuesto) de las gloriosas Fuerzas Armadas. Evidentemente algunos sectores están en desacuerdo con esta pecaminosa actividad, como el General Scavino o el Padre Beltrán, este último un sacerdote castrense que vive horrorizado con las actividades secretas que lleva a cabo Pantoja. La trama transcurre entre una serie de sucesos que acontecen paralelos, como la expansión de un culto religioso que crucifica animales, la hermandad de Francisco, que finalmente se ve envuelta en homicidios, incluido el de Olga Arellano, alias “la Brasileña”, una despampanante mujer que puso en aprietos a Pantaleón Pantoja dado que se convirtió en su amante y la causante de su separación matrimonial.

La novela, por momentos cómica y satírica, denuncia la hipocresía que se esconde tras el conservadurismo de las instituciones tutelares como el ejército y la iglesia, así como de la sociedad. En el primer caso porque es el propio ejército quien organiza el servicio para después negarlo; en el segundo porque al final se insinúa a Beltrán acostándose con una prostituta; y en el tercero porque la vecindad loretana soporta a las “lavanderas” clandestinas (meretrices que van de puerta en puerta ofreciendo sus servicios), pero no perdona el escándalo público de una empresa de putas organizadas. Por otro lado, desenmascara el trágico destino de los varones débiles ante el cuerpo femenino, que terminan sucumbiendo a sus mágicos encantos. Hasta el hombre más fiel, representado por Pantaleón Pantoja, cae rendido ante los atributos físicos de “la Brasileña”, una mujer que reproduce el estereotipo de la mujer fatal y selvática, asociada injusta pero tradicionalmente a la lujuria extrema y al sexo insaciable, gracias a una supuesta voluptuosidad producida en sus cuerpos por la exposición al calor extremo de nuestra hermosa Amazonia y a sus bebidas afrodisiacas. Por último se hace alusión al poder corruptor del dinero en los medios de comunicación, es el caso del “Sinchi”, el periodista más respetado de Iquitos que extorsiona para omitir e incluso defender el servicio de visitadoras en su espacio radial. No hay duda que Vargas Llosa explota su amplia experiencia putañera adquirida en las siete cuadras del antiguo jirón Huatica en sus épocas de adolescente.

Tal como “La ciudad y los perros”, esta obra ha sido llevada al cine. Para este post vi la versión de Francisco Lombardi de 1999, donde la madre de Pantaleón, Leonor, es inexistente, así como el culto de la hermandad de Francisco y sus crucifixiones. En la versión cinematográfica La Brasileña se transforma en La Colombiana, personaje interpretado por Angie Cepeda, quien logra personificar toda la exuberancia del relato “vargallosiano” y poner en apuros anatómicos a un privilegiado Salvador del Solar que da vida al mentado Capitán. Sin embargo, a pesar de las diferencias, Lombardi logra rescatar la esencia de la novela y poner en pantalla los elementos antes descritos, por lo que logró llevar al cine no sólo el producto del ingenio del autor, sino a miles de personas atraídas tanto por ver el resultado de su imaginación literaria así como las escenas de sexo que se reproducen, a mi entender un tanto excesivas en número, y que desvirtúan en proporción mínima a la película colocándola por debajo del libro.

Una lectura que recomiendo para introducirse en el universo literario de Mario Vargas Llosa, que combina denuncia con picardía, y que hace pensar en El Dorado, aquella ciudad resguardada por Amazonas que escondía tesoros incalculables. Varguitas inventó uno de estos paraísos para las almas impunes y descaradas que gustan de los placeres mundanos de la carne comerciada, Pantilandia, con su mítica Brasileña (llamada así solo porque vivió algunos años en Manaos), y a la que, por su abnegada labor, se le rindieron honores militares cuando dejo nuestro mundo y se fue al lado de sus pares inmortales, como casi todas las creaciones del afamado escritor.

Descansen soldados, pero quiten las manos de sus bolsillos.



viernes, 5 de agosto de 2016

House of Cards BBC (Trilogy)

Al pasar mis cortas vacaciones confinado a un mueble por el resfrío, con la nariz enrojecida, los ojos pesados, dolor muscular, tapado con una frazada y con la única misión en la vida de alimentar a mis gordas gatas, tuve que resignarme a ver televisión. Pero como todo en el Perú es PPK y sus bailes (como si no hubiera nada más importante en el Gobierno), los golpes de Guty (provecho con las facturas), Pokemón Go (Dios mío ayúdame) y las pataletas fujimoristas (sin comentarios), decidí enfocar mi atención en buscar algo que me devolviese las ganas de vivir. Pues bien, lo conseguí, a pesar de todo. Sin embargo, al igual que yo (y no me enorgullece decirlo), para todo aquel que siente que la vida no tiene sentido dado que terminó la sexta temporada de Game of Thrones (y goza del beneficio de tener una cuenta en Netflix), le puedo dar un agradable respiro gracias a mi tardío descubrimiento. Si extrañan, tristes almas en pena, las traiciones palaciegas, el sexo como catalizador de la política, los asesinatos para conservar el poder, y ser seudo cómplices de maldades y abusos dignos de una condena penal, digiten esto en su buscador: House of Cards BBC.

Si la versión estadounidense protagonizada por Kevin Spacey, aún inconclusa, me dejó asqueado pero de placer televidente, la británica, con Ian Richardson, pensando que sería sobria y aburrida como se supone lo inglés, me hizo regurgitar lo necesario para seguir con mi gula y festín. El elegante Francis de Inglaterra, apellidado Urquhad, es de lejos, mejor que el Underwood yanqui. Y no lo digo por haber estudiado el inglés de la Reina Isabel, sino porque casi siempre, y este es el caso, lo original le lleva ventaja a las nuevas apariciones. Transmitida en los noventa, House of Cards (BBC) narra el ascenso de Francis Urquhad desde el Parlamento hasta ser uno de los sucesores de Margaret Thatcher, es decir, Primer Ministro de su Majestad la Reina de Inglaterra. Si en la versión americana vemos a un Francis Underwood en la Sala Oval de la Casa Blanca decidiendo el destino del mundo, en la europea tenemos a Francis Urquhad, que se enfrenta a la monarquía británica en el mismísimo Palacio de Buckingham, extorsionando y amenazando a una realeza rancia e idealista, muy alejada de los ideales del Partido Conservador, al que él representa, y en cuál, tiene a sus más acérrimos enemigos.

Al igual que en la entrega más reciente, el protagonista dirige sus palabras a la cámara, entablando un diálogo moral (o inmoral) con el espectador, que se queda atónito al ser partícipe de sentimientos inexistentes al ver cómo se consuman injusticias y atropellos. Si son mamíferos de sangre caliente, es mejor abstenerse de seguir sus doce capítulos, pero si corre por sus venas algo de sangre fría, esta será una de sus producciones de culto. Una vez más Maquiavelo aparece televisado, utilizado magistralmente para la obtención y la conservación del poder a cualquier precio. Dejo a su juicio el veredicto final, para mí es mejor la versión inglesa, pero si se lo dijera a Francis Urquhad, él en su forma más irónica diría lo siguiente: “Usted bien podría pensar eso, pero yo no podría comentarlo”. Que pasen una buena madrugada.


domingo, 26 de junio de 2016

El “derecho al olvido” en la Resolución Directoral 26-2016-JUS/DGPDP ¿Peligros para la historia y la memoria colectiva?

El 13 de mayo del año 2014 una sentencia calificada como histórica del Tribunal de Justicia de la Unión Europea ordenaba a Google que retirase de sus motores de búsqueda las referencias de un ciudadano español cuyo nombre estaba asociado a una subasta por deudas a la seguridad social que a la fecha ya estaban solventadas. El reclamo de este ciudadano, a todas luces justo, consistía en que la filial de Google en España deje de indexar su nombre dado que carecía de relevancia que sus datos personales estuviesen eternamente asociados a un evento sucedido en 1998 y que afectaban su derecho a la privacidad.

Esta sentencia sentó las bases para que cualquier ciudadano de la Unión Europea pueda solicitar a Google la eliminación de sus datos personales de sus motores de búsqueda, siempre en cuando la información no sea de personas ligadas al ámbito público o sea de interés general para la sociedad. Asimismo, esta sentencia generada a partir del denominado “Caso Costeja” sirvió como jurisprudencia para que países como México también apliquen el mismo criterio que el español, evidenciando una práctica societaria de la transnacional Google de entorpecer los procedimientos administrativos nacionales, elevando hasta instancias judiciales su derecho a la defensa.

En el Perú funciona la Dirección Nacional de Protección de Datos Personales, adscrita al Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, la misma que durante la última semana ha estado en el ojo de la tormenta debido que se hizo pública la R.D. 26-2016-JUS/DGPDP (11-03-2016), la misma que confirma la RD.  45-2015-JUS/DGPDP (30-12-2015). Ambas resoluciones nos remiten a un proceso penal que se inició en el año 2009 sobre los supuestos delitos contra el pudor público en los que un ciudadano peruano habría incurrido y del cual salió absuelto dado que el Quinto Juzgado Penal de Lima no encontró las evidencias suficientes para condenarlo.

Aquí comienza esta historia. Dicho ciudadano pretende hacer uso de un derecho constitucional consagrado en el artículo 6º de la Constitución Política del Perú (nuestra ley suprema a pesar de ser fujimorista) que dice lo siguiente: A que los servicios informáticos, computarizados o no, públicos o privados, no suministren informaciones que afecten la intimidad personal y familiar.” Surge la interrogante: ¿Cómo podemos hacer uso de este derecho amparado por la Constitución si aparecemos en Google cada vez que deletreamos nuestro nombre sin haberlo autorizado? Este ciudadano, ante la negativa de Google Perú de retirar las coincidencias de su nombre de su motor de búsqueda acudió a esta Dirección y su reclamo fue escuchado, y por ende, su derecho restituido.

Sin embargo, la publicación de la resolución y las altas multas que debe pagar Google por obstaculizar en forma sistemática el ejercicio de los derechos fundamentales de esta persona, así como por desconocer los derechos de cancelación y oposición del ciudadano peruano deja abiertas algunas preguntas para la convivencia de la sociedad peruana. ¿Es acaso esta resolución el inicio de la elaboración de mordazas contra la libertad de expresión e información que gozamos en la actualidad?; ¿cómo podemos evaluar, por ejemplo, a los candidatos al Congreso si no sabemos cuántos procesos penales tienen abiertos o incluso cerrados?; si somos empleadores, ¿no nos interesa conocer el pasado de nuestros potenciales trabajadores?; ¿podemos los historiadores escribir Historia (así con mayúscula) referida a procesos coyunturales o de “historia reciente”?

No hay duda que estamos en el límite de una triple y delgada frontera, en la cual, por un lado, están los derechos a la privacidad de una persona, del otro, los derechos al acceso a la información, y por último, la conservación de la memoria colectiva en la web. También, y ampliando las interrogantes que deberán resolver los entendidos en Derecho, ¿se aplica, por extensión o supletoriamente a las empresas, a las instituciones, a los aspirantes a políticos (que aún no pertenecen a la esfera pública) o para ex reos o investigados por corrupción?

Esta resolución, así como la española y la mexicana (ambas del 2014) sienta un precedente importante en el Perú no solo para el mundo de los abogados sino también para los historiadores y periodistas, dado que muchas de sus investigaciones no podrán ser rescatadas a través de medios digitales siempre en cuando algún “afectado” quiera hacer uso de su “derecho al olvido”, es decir, el derecho que goza cada persona de solicitar que se borre, bloquee o suprima información que carezca de “relevancia” o que se considere “obsoleta” y que de alguna manera afecte sus derechos fundamentales.

Vivimos en una sociedad en supuesta “reconciliación” (hasta le han erigido un museo), pero si se manipula el presente para ocultar las verdades del pasado corremos el riesgo de que la verdad llegue sesgada. Teniendo en cuenta que la principal fuente de información para las generaciones actuales se ha trasladado de los libros a la Internet, se debe ponderar cuál es el verdadero alcance de estos fallos y la repercusión en el derecho a la información de países tan golpeados como el nuestro por el peso de nuestra historia reciente, aquella cuyo desenlace aún está por definirse en tribunales administrativos, constitucionales, juzgados, salas o cortes.

El fin de esta historia aún está lejano. Google, según las fuentes consultadas, apelará esta resolución y buscará elevar el proceso a una instancia judicial donde se definirá, esperemos finalmente, el destino de las búsquedas en Internet como actualmente las conocemos, al menos en este buscador global.

Dejo algunos enlaces para los que quieran ahondar en el asunto (todos consultados el 25-06-2016):


AGENCIA ESPAÑOLA DE PROTECCIÓN DE DATOS
Derecho al olvido.


DIRECCIÓN NACIONAL DE PROTECCIÓN DE DATOS PERSONALES
R.D. 045-2015-JUS/DGPDP


EL ABOGADO DIGITAL
El derecho al olvido y Google


GESTIÓN
Google es sancionado en Perú por desconocer el derecho al olvido


HIPERDERECHO

¿Por qué se ha sancionado a Google en el Perú?

Google es sancionado por primera vez en Perú por desconocer el derecho al olvido

¿Cómo respondió Google a la sanción de la Dirección de Protección de Datos?


LA REPUBLICA
Perú sanciona a Google por primera vez por desconocer el 'derecho al olvido'




domingo, 1 de mayo de 2016

The Walking Dead Cholo

Cuando abrió los ojos todo había terminado. Había estado muerto durante la noche y sus piernas, automáticas, sólo conocían una dirección. En su mente no existían los recuerdos del ayer y no entendía la razón de su paradero. Desorientado, sucio, y con unas ganas terribles de consumir cualquier elemento líquido, así fuera sangre, se tambaleaba por entre la pista y la vereda, en un zigzagueo desesperado por encontrar una explicación. Las personas lo miraban extrañados y evitaban cruzarse en su camino. Su apariencia era atroz, el rostro desencajado, las manos sucias y un botón arrancado de la camisa. Sin saber cómo dio a parar en aquella calle notó que la conocía, había pasado cientos de veces por allí y concluyó que alguna fuerza extraña lo guió y lo puso a buen recaudo. Revisó sus bolsillos. Su mundo había cambiado desde aquel instante silencioso, se dio cuenta que a pesar de su estado moribundo, sin celular ni billetera, era un sobreviviente.

A pesar de que en su cabeza sólo existían dolor y confusión, al primer sorbo de Coca Cola pequeños retratos se dibujaron en su dañada memoria. Todo fue demasiado rápido, la música, el reencuentro con viejos amigos, la decisión de ir a libar a cualquier disco de la avenida La Marina. Una boleta en su bolsillo le dio la primera pista: Big Bar. Poco a poco recordó el taxi, la entrada a la disco, el licor pagado con la gastada tarjeta de crédito Visa. Una mujer lo había mirado con lascivia invitándolo a bailar. Él se acercó. Su amigo de borrachera, cogiéndolo del hombro le dijo: "Huevón, ten cuidado, es el Big Bar, está lleno de peperas". A Naldo no le importó y a ritmo de Víctor Manuel empezó con su torpe y etílica danza: "Por ella por ella, por ella por ella, por ella por ella... Por ella por ella, por ella por ella, por ellaaaaaa". Stop. Una hora más tarde, Isaac, su amigo y consejero, se movía, ebrio y con las manos en alto, al ritmo de Ricky Martín: "Go go go, alé alé alé, go go go, alé alé alé, arriba va, el mundo está de pie, go go go, alé alé alé". Eran pues, dos hombres en juerga, con dos desconocidas que ya estaban en su mesa y bebiendo de sus cervezas servidas en jarras de veinte soles.

Sin noción de su tiempo y dirección, Isaac y Naldo salieron del Big Bar. Los vigilantes los vieron: "Van allí dos zombies, sin saber a dónde, ni cuándo, ni cómo, ni por qué". Detrás de ellos salieron sus eventuales acompañantes, le entregaron algo de plata a los vigilantes y se fueron sin remordimientos. Momentos antes una pastilla había caído adrede en los vasos de Naldo e Isaac. Una inodora y peligrosa dosis para olvidar y caer en la inconsciencia. Los amigos se separaron sin darse cuenta, sin norte fijo, drogados sin querer, y bolsiqueados en sus propias y borrachas narices feromínicas. Naldo nunca supo cómo apareció en aquella conocida calle, tan cerca de su casa. Fue un zombie durante una madrugada, y milagrosamente, un vivo al amanecer. Una semana después Isaac le contó que tampoco recordaba nada: "Son cosas que pasan en el barrio fino, ya fue". Un año después de estos acontecimientos, Naldo volvió sobre sus huellas. Sentado en el Big Bar con un amigo medio loco reconoció a las culpables de esta historia: "Manya brother, esas son las flacas, las peperas". Pero esa es otra historia, y algún día será contada.

En la vida real el Big Bar cerró sus puertas, y sus peperas, se dice, migraron en manada a las discotecas allende la pista, la cual, los fines de semana, se puebla de cadáveres que caminan, sin un norte fijo, sin saber dónde, ni cómo, ni cuándo, ni por qué. Paz para estas pobres almas en pena que hasta hoy siguen pululando por ayuda y que con el cambio de las modas, caen rendidas con el fondo musical del "Baile del totó", canción fúnebre que retumba en sus cabezas, cuando al revisar sus bolsillos, se dan cuenta del ultraje de sus pertenencias y de su falsa hombría de borrachos seductores.


Una década después Naldo ya no acude a estos templos del exceso, e Isaac, según palabras del más allá, deambula por salsódromos de La Victoria. "Son cosas, pues, que pasan en el barrio fino", cree, será su epitafio al final de sus verdaderos días. "La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, ay Dios". Buenas noches.


domingo, 17 de abril de 2016

House of Cards

El mundo es un lugar hermoso habitado por seres infames. Esa es la conclusión a la que llego luego de terminar la cuarta temporada de House of Cards, una conocida serie de Netflix donde se desnuda la forma de hacer política de los Estados Unidos de Norteamérica, y por qué no, también de la peruana, con sus intrigas palaciegas y negociaciones por debajo de la mesa. Frank Underwood y su esposa Claire son los protagonistas de este drama político. Juntos forman una dupla indisoluble y maquiavélica, y llevan a cabo los más bajos y viles métodos para llegar cada vez más arriba, en una escalada meteórica que emprenden sin detenerse hasta sentar a Francis, como ella lo llama, en la Sala Oval de la Casa Blanca y ser el hombre más poderoso de la Tierra, y ella, la Primera Dama de la Nación.

El catalizador de los eventos se dio en el 2013, cuando este fue dejado de lado en la formula presidencial del Partido Demócrata de EE.UU. El presidente electo le había prometido ser Secretario de Estado, pero desde que asumió el poder, prefirió dejar a Francis como un elemento negociador y de control en el Congreso, dados sus conocidos antecedentes y la facilidad que tenía para convencer a sus opositores, sea para conseguir votos para modificaciones legislativas, traicionar ideales partidarios o conseguir adeptos en desmedro de promesas electorales.

Sus creadores no pudieron pensar en un personaje más siniestro sentado en aquella histórica sala. Francis es un bisexual que en el pasado alquilaba jovencitos de bajos recursos para satisfacer sus reprimidas necesidades sexuales; no tiene remordimientos para asesinar a sangre fría a los que se interponen en su camino; soporta que dos artistas seduzcan a su esposa, a tal punto que uno de ellos, un laureado escritor, se acueste con ella en la mismísima Casa Blanca para terminar, cínicamente, sirviéndoles el desayuno; no reparó en practicar un trío sexual con ella y su guardia de seguridad, un joven patriota que llegó al extremo de dar su propia vida por él y por su investidura; y en el paroxismo de sus pútridos excesos, utilizar la muerte inducida en secreto de su suegra para impulsar a Claire como su vicepresidenta, quien una noche antes le había proporcionado las gotas letales en su propia boca. Son, sin lugar a dudas, aguas servidas del mismo buzón.

Y es que Francis Underwood siempre consiguió lo que quiso a cualquier precio. Los ideales de libertad que propugna la democracia aquí son pisoteados y utilizados para asegurar los intereses de transnacionales y líderes políticos corruptos. Rusos, chinos, sirios y demás transitan en este oscuro acertijo de relaciones internacionales, pozos petroleros, centros de operaciones militares y terrorismo global. La muerte como arma de control social y catalizadora de adeptos, la vigilancia interna de los ciudadanos, los abusos del poder político y la extorsión a otros políticos y militares son sus métodos preferidos para detentar ese poder omnímodo que da la presidencia de la primera potencia mundial. Por su oficina desfilan periodistas, empresarios, republicanos, operadores políticos y hasta su antiguo cocinero de nombre Freddy, el único que se atreve a llamarlo por su nombre e increparle que ve a las personas como objetos de su propiedad, mandándolo a la mierda dentro de la propia Casa Blanca.

Si bien es un relato ficticio, hay una verdad innegable: la política es el terreno perfecto para satisfacer las necesidades megalómanas de los seres humanos más ambiciosos. No hay lugar más adecuado, las relaciones más recomendables, ni los premios más deseados y jugosos que en la política. Así ha sido desde los albores de la civilización, cuando el primer sacerdote descubrió que prediciendo los movimientos de los astros obtenía el poder sobre los hombres, hasta los pasillos de la Casa Blanca, donde se dictan las políticas que mueven los hilos del mundo occidental contemporáneo.

“Vamos a crear terror” es la frase final de la pareja Underwood, quienes en la cima del mundo, quieren más. Nada raro siendo seres humanos, nosotros, siempre queremos más, y por eso gozamos tanto de sus logros. Así digamos en nuestra hipocresía que los aborrecemos, en el fondo, estoy seguro, que muchos los estamos envidiando. Quedo a la expectativa de la quinta temporada. Mientras seguiré viendo nuestra propia producción nacional, nuestra serie política de terror, aquel drama político de la vida real, en la cual, la hija del más grande corrupto de nuestra historia tiene las preferencias electorales para llegar a la presidencia de la República del Perú, su hermano, probablemente sea el Presidente del Congreso, y su bancada, la de mayoría en el Parlamento de la Nación. Como ven, estimados lectores, la realidad supera largamente a la ficción.

Tengan un buen domingo, y almuercen sin vomitar.


jueves, 10 de marzo de 2016

El sicario y su malcriada del Trome

Un sábado cualquiera. A las siete la oscuridad reinaba en el cielo del Callao. La canchita acogía a los futbolistas de losa, que embriagados la utilizaban como baño público. Transcurría así la eterna jornada de licor sabatina. Los tíos del barrio, viejos oficiales de la Marina retirados, habían empezado con la "chancha", como llamaban a recolectar el dinero para la compra de cerveza. Eran cuatro antiguos referentes de la comunidad, cuyos funerales serán, seguramente, apoteósicos. Dos cajas vacías y abandonadas quedaron varadas en la tribuna de la canchita de Proción, su barrio, a la espera de que el guachimán las recoja al día siguiente.

Uno de ellos le dijo: "Naldo, vao' a seguirla a otro lao' ". Compraron seis Pilsen y se fueron a una esquina. Al viejo zorro le decían "Turbo", porque según sus compañeros de promoción naval, se llevaba con total desparpajo la gasolina que debía administrar durante sus años de oficial. "Tienes que aprovechar sobrino, la vida se acaba y los hijos crecen". Naldo encontraba en Turbo y en los demás viejos una conversación interminable y etílica. Le gustaba escucharlos discutir de política y renegar de los rojos, de los cholos, de los choros, de las mujeres de la vida, y verlos caer uno a uno, por el avance del alcohol en su sangre. Él, sin embargo, con un cuerpo treintañero, duraba hasta el final y casi siempre terminaba en otro lugar rodeado de gente más joven, hasta las últimas consecuencias.

Fue aquel día. Los viejos, así como los niños, ya estaban en sus camas. Él, avanzado de copas, fumaba un cigarrillo en la puerta de su casa revisando los mensajes de su celular. Su amiga Jadiel, una mujer de casi su edad lo abordó: "Naldo, por qué tan solo, vamos donde mi yunta, hay música, casa sola y trago gratis". En unos minutos ya se encontraban en su vehículo. Ella manejaba a gran velocidad, pasando justo por el frente de la comisaría de la Ciudad del Pescador. "Acá chambea un punto que me levanto así que normal, por eso no me paran los tombos", dijo ella. A Naldo no le sorprendió porque todos en el barrio sabían que Jadiel era la culpable de que sus hermanos, dos prontuariados delincuentes, no estén en la cárcel, gracias a que se acostaba con un alto oficial de la PNP.

Jadiel no era una mujer guapa, pero era dueña de un cuerpo voluptuoso. Sus senos proporcionados y redondos, cintura pequeña y grandes nalgas la hacían dueña del perfil chalaco de la "jerma rica", como para un vacilón. Llegaron a la casa de su amiga. Un hombre moreno de dimensiones gigantescas les abrió la puerta. "Habla batería, a ver ese culo", dijo dándole vuelta a Jadiel, como en un baile de salsa. "Oye pendejo, deja de joder a mi causa. Habla polilla, te dejas ver a los años", dijo su acompañante femenina que salía de un cuarto muy oscuro. Era de anatomía también privilegiada pero de un rostro más agraciado que el de Jadiel, convertida en polilla (mujer de mal vivir) gracias a ésta. Una lata de cerveza en la mano derecha y un cigarro Lucky convertible en su izquierda delataban que habían empezado la encerrona sin ellos. A Naldo le pareció conocida.

El hombre se acercó a Naldo y le preguntó si era un "soplón". En lenguaje vulgar, un soplón es sinónimo de policía. Naldo, envalentonado por el alcohol ingerido le respondió violentamente: "No soy huevón, si fuese tombo no vendría a tu jato". El sujeto lo miró contrariado. "Causa, tú no me conoces, pero por lo visto eres rata", le dijo. "Brother, no hay que ser adivino para saber a qué te dedicas, tu fierro está sobre la silla, me gustaría saber tu nombre, el mío es Naldo". Y cogiendo un cigarrillo le pidió fuego. "Llámame Matán. Rata, ese fierro es mi herramienta de trabajo, imagino que lo sabes". "Lo intuyo", respondió.

Las mujeres bailaban con sus latas en la mano, la radio emitía Sorpresas de Ruben Blades, aquella olvidada segunda parte de Pedro Navaja. Matán miraba con lascivia a su mujer, que en un descuido dijo su nombre: Francesca. Ella, bien entrada la madrugada sacó un cuadro de su habitación. Era su imagen semidesnuda, con hilo dental y un sostén diminuto estampada en la última página del diario El Trome. "Yo he sido una Malcriada", dijo orgullosa inflando el pecho. Naldo se lo pidió, lo miró de cerca, y efectiva pero inexplicablemente recordaba aquella contraportada. Según la fecha, había aparecido cerca de un año atrás, por ello la sensación familiar que experimentó al ver el rostro medio "apirañado" de la ebria que tenía al frente. "No la mires mucho causa, no seas muy rana", dijo Matán, tomando un gran sorbo de cerveza.

Ya era demasiado tarde, la luz entraba por la rendija de la única ventana de la casa. Los había sorprendido un triste amanecer invernal. El negro Matán había confesado su precio. "Mil soles causita y no la cuentan. Yo tengo los contactos y me gano mi comisión a veces, avisa nomás y salgo a chambear, yo también he quemado a varios punteros, pa' mi la vida no vale nada, business son business rata, la calle está dura". Y sin previo aviso, intempestivamente, se lanzó sobre Francesca y la empezó a besar, como si el hablar de asesinatos a sueldo lo hubiese exitado, la cargó y la llevó al cuarto oscuro que les servía de nido de amor. "Este es mi macho carajo, llévame a tirar", dijo ella entregándose al placer mañanero alcoholizado.


Naldo, exhausto, dejó a Jadiel dormida en su auto, emprendió su solitario retorno, y tambaleándose logró llegar a su cama, después de sortear peligrosas calles y avenidas. La gente lo miraba y se apartaba de él dado su evidente borrachera, los ojos reventados, las manos amarillas de tanto fumar. El domingo lo despertó cerca del mediodía. Jadiel pasó con su auto por su calle y lo saludó al paso, al parecer había dormido tranquila debido a que su tombo la acompañaba de copiloto. Sus recuerdos eran borrosos, revisó sus llamadas perdidas y entre sus contactos encontró un nombre: Matán. Un escalofrío estremecedor le recorrió la piel. Borrando el peligroso número de su celular se quiso olvidar del sicario y su malcriada, quienes siguen viviendo en el Callao y en el plomo alojado en el interior de sus inocentes víctimas, muertas a destajo por cobardes que no se atreven a disparar con sus propias manos.


domingo, 7 de febrero de 2016

Cuatro películas para el Oscar

Contrariamente a otros años, de las ocho nominaciones a mejor película para el Oscar, he visto cuatro. Y es que al seleccionar películas no me guío de las carteleras dominadas por la industria hollywoodense, sino de consejos de personas que considero inteligentes y que sé, no me harán perder el tiempo comprando un DVD, o peor aún dinero, yendo al cine a hacer mi colita y a comer pop corn en costosos combos. Puedo decir que del batallón de películas vistas en el año que ya expiró, resalto cuatro que también están nominadas para el controvertido premio de la Academia: Mad Max, Misión rescate, Puente de espías y El renacido. Cada una tiene lo suyo y en lo sucesivo expondré las razones, pero no los argumentos, por los que a mi parecer, las anteriormente mencionadas deben ser vistas para que puedan dormir tranquilos.

Mad Max, una distopía ochentera: Mad Max, una nueva versión de un mundo distópico y violento, de rock y veloces motocicletas, de extraños justicieros solitarios y princesas secuestradas. Un mundo donde se lucha por los recursos más básicos y donde la manipulación tiránica de las poblaciones hambrientas hace recordar al nuestro. Contiene más elementos adrenalínicos que la cinta protagonizada por Mel Gibson que no permiten despegarse de la pantalla ni un minuto, pero la sensación de emoción de la hormona no llega a alcanzar el cielo de lo mejor del año. De todas formas es una película que todo amante del cine de culto debe tener en cuenta por cultura general.

Misión rescate, sobreviviendo en Marte: Podría escribir hojas enteras sobre este film. Particularmente soy un fiel aficionado de la astronomía y de su historia. Así que si son amantes del universo y de los límites de la humanidad para sobrevivir en él, esta película les caerá como anillo al dedo. Es un film eminentemente pedagógico narrado por el protagonista que resulta ser botánico, conocimiento que le permitirá sobrevivir en territorio marciano, al ser dejado atrás por su tripulación que lo creyó muerto. Aquí no encontrarán filosofía, sino ciencia dura, aunque algunos críticos le atribuyen cierta cuota de especulación teórica dado que aún ningún ser humano ha llegado a Marte y por ende no sabemos lo que en la realidad podría suceder de “naufragar” en estos desconocidos océanos.

Puente de espías, salvando vidas en la Guerra Fría: Tom Hanks y Steven Spielberg, una receta muy difícil de no digerir con placer. Donovan, un exitoso abogado de seguros envuelto en un lío mediático de espionaje termina siendo protagonista de una negociación internacional secreta para salvar la vida de tres individuos. La expresión “un abogado defiende la justicia” se ve personificada en él, quien en una lucha personal y en contra de su gobierno, se juega la integridad para salvar la vida de la mayor cantidad de seres humanos posibles. Muestra cómo una persona puede ser juzgada por lo que venden los medios de comunicación, de héroe a villano y viceversa. Una constante de los individuos consecuentes con su filosofía de vida.

El renacido, con Di Caprio, el actor mudo. Una película salvaje que explora los instintos humanos más profundos, como aquellos producidos por la venganza y la supervivencia. De pocos diálogos y con una cuota violenta que coincide con el paisaje hostil y con el periodo histórico en el que se desarrolla, no deja de sorprender el realismo de las escenas y la armonía del guión con la inmensidad de los escenarios, todos dominados por la naturaleza y su inocente crueldad. Una osa que ataca para defender a sus crías, una catarata que cae y que arrastra a un hombre malherido, un caballo desbarrancado, el clima gélido, los indígenas norteamericanos defendiendo su honor y a sus mujeres de las violaciones y asesinatos. En fin, un film de paisajes salvajes y de una actuación de Di Caprio que se puede calificar como tal. Le toca el Oscar al gringo, ya no lo jodan.


De todas ellas, me quedo con Misión rescate, dado mi gusto astronómico por los grandes misterios del universo.


martes, 12 de enero de 2016

Antes de dormir

Una vez más fumando en la habitación, pensando en las Grushenkas de la vida, con sus insoportables alientos licorosos. Leyendo adormecido a Wilde, no puedo conciliar el sueño, y arranco con furiosos movimientos la hoja dedicada. Una copa de ron reemplaza los somníferos y prepara el cuerpo para la futura pesadilla. No importa cuánto busque la paz, porque siempre doy con la batalla. Miro al cielo y encuentro oscuridad, no hay estrellas a quien mentarles su puta madre. Cerrando la noche por el suelo, doy vuelta en la memoria. La cama que no existe, es la única que soportará mi peso.



El juramento del abuelo cascarrabias (microrrelato)

Sus pasos abandonaron la vieja calle, que en otros tiempos se llamó de Mercaderes. La Catedral alumbraba la pileta, mientras esta lloraba incesante sus pequeños chorros. 

La vio y apresuró su andar. 

El sonido del río, aún lejano, susurraba una encantadora melodía, mientras su silueta, cortada por la luz de los faroles, empequeñecía su sombra recatada. 

Cuando la tuvo en frente la abrazó, mientras observaba un carruaje evocador de tiempos relegados. 

Caminaron hacia la antigua estación convertida en casa de lectores y se detuvieron en el bar. Sentados y en silencio se observaron lacrimosos. 

Habían transcurrido, sin olvidarse, cincuenta años.







miércoles, 6 de enero de 2016

El regreso de la mano peluda

Con el 2015 a punto de expirar apareció un gato en nuestro balcón. El susodicho se encontraba flaco y muy pulgoso, sin contar que emanaba un olor desagradable, como de basura, lo que produjo que mi hermano, debilucho y sentimental ante estas escenas, lo introdujera mas acá de nuestras puertas. Era un gato pequeño, atigrado, que había estado pululando sin rumbo conocido por las calles peligrosas. Al investigar a qué nos enfrentábamos nos dimos cuenta que era hembra, he ahí la razón de su abandono. Los integrantes de mi hogar, emocionados por la tercera mascota, la bautizaron con el nombre de Rosemary. La pequeña gatita, incapaz de maullar con fortaleza y tan débil que no podía saltar ni bajar escaleras, pasó el año nuevo con nosotros, acalorada por los mimos de sus adultos y humanos protectores, en una pequeña caja que le habilitaron para que durmiera abrigada en el tercer piso, en una habitación sin salida. Hasta que llegó el día fatal.

Cuatro de enero, me había levantado temprano para ganarle la ducha a los demás. El dia anterior había padecido de insomnio, como casi todos los domingos. Ruidos extraños provenían de la cocina aquella madrugada y una sombra tenebrosa me acompañó mientras veía la última película dominical, que me obligaba a no mover mi mirada de la pantalla por el temor a encontrarme con alguno de los espectros que me atormentan por las noches. Fue aquella una madrugada pesada y los malos presentimientos se apoderaron de mí una vez más. Habían pasado pocos meses desde el episodio paranormal de la mano peluda, aquella que mantuvo en vilo a todos los integrantes de los Chavez Lara, mi familia, por sus terroríficas travesuras e inesperadas apariciones. Pensé que quizá había tenido el descaro de regresar después del trauma que nos inyectó y la maldije en voz baja con una frase lisurienta: "Maldita mano peluda del demonio, ándate a la mierda".

Entré a la ducha y puse una canción de Facundo, "No soy de aquí, ni soy de allá". Y como buen tión la canté: "Supe del Diablo la noche que al hambriento dije no, también esa noche supe que el Diablo es hijo de Dios". Salí. Miré la caja que servía de cama a Rosemary y estaba vacía. La busqué por todas partes. Desperté a mi madre y a mis hermanos. Mi padre, a pesar de los llamados, nunca respondió. Empezamos a mover muebles, refrigeradora y a rebuscar cualquier posible escondite o trampa en la que podía haber caído, pero todo fue en vano, la gata, simplemente se esfumó, ya que no había ninguna salida posible. Solo nos faltaba buscar debajo de la cama de mi padre, tocamos su sagrada puerta interrumpiendo su sagrado sueño y no contestó. Asustados irrumpimos en sus dominios y sus cosas se encontraban alborotadas, pero no había rastros de él. El cuarto vacío hizo que trasladáramos nuestra preocupación hacia su paradero. Yo mismo le había dado las buenas noches y cerca de las dos de la mañana lo había visto caminar como un sonámbulo hacia el baño, sin percatarse siquiera de mi presencia.

Vergüenza me da confesar que en ese momento pensé que esto era obra y gracia de la mano peluda porque me resultaba demasiado inverosímil, pero la duda sembrada provenía de la injuria que había cometido con ella tan solo unas horas antes de estos extraños acontecimientos, al insultarla y expulsarla excrementalmente de nuestra humilde morada, que por lo visto le parece acogedora. Cuando reaccioné y recuperé la noción de mi raciocinio abrí las puertas de la calle y allí estaba él, al lado de su auto recientemente comprado. Estaba en pijama, desaliñado y portaba un desarmador. Nos miraba con ojos enloquecidos, como si la rabia lo estuviera dominando, con ganas de asesinar. Le preguntamos qué pasaba y no respondía, solo miraba el arma blanca que tenía entre sus manos y con un paso muy rápido empezó a subir asustándonos con su sospechosa actitud. Cuando llegó se detuvo frente a nosotros. "Me han robado", nos dijo. "Alguien abrió mi carro y se ha llevado mis cosas, solo dejaron esto". Y nos enseñó la herramienta. Temerosos asociamos los acontecimientos de ese fatídico día con la reaparición de la esquiva mano peluda. Era un hecho, dado nuestros inesperados infortunios, que ella estaba de vuelta.

Fue durante la noche, la gata observaba aterrada la extraña figura. El chillido de una puerta en el piso inferior rompía el desesperante silencio y el sonámbulo se movía sin sus habituales zapatillas. La alarma del auto empezó a lanzar su insoportable y estruendosa melodía. La gata desaparecía entre las sombras. La puerta del baño se cerró. El auto dejó de sonar y su interior amanecería vacío. Nadie nunca vio nada y los sonidos se perdieron entre los sueños y pesadillas de los habitantes de la casa. No hubo huellas ni testigos. La mano culpable cumplió su macabro objetivo, aterrorizar a todo aquel que le faltara el respeto, aunque esta vez, llegamos al consenso, de que se le pasó la peluda y mortífera mano desgraciada.

Hoy, siendo las dos de la madrugada, al sentir su presencia maligna, hice las paces nocturnas. "Maldita mano de mierda, aléjate de mi casa y deja dormir. Regresa al infierno del que saliste y nunca vuelvas, ya deja de joder carajo" y pensé en traer un cura armado de agua bendita. Mas tarde ella, aunque no lo crean, al verme con frío y dormido se apiadó de mí, cogió mis sábanas y cubriéndome apagó mi televisor, yo la vi mientras ejecutaba su espeluznante movimiento y volteaba mi rostro para no seguir siendo partícipe del demoniaco ritual. Desperté despejado en este dia nublado y la pequeña Rosemary maullaba detrás de la puerta de la calle. Había vuelto. Cómo subiría la escalera es otro enigma. Le abrí y entró, estaba limpia y despulgada, al parecer una "mano" amiga nos hizo ese pequeño favor. Con respecto al auto, aun descansa en la calle, y el desarmador encontrado por mi padre, nunca lo volvimos a ver, quizá su dueño vino por él, o quizá, puede ser, nunca existió. Siento que esta fue su despedida. Extrañaré a la mano peluda, me gustaba más siniestra que redimiendo sus fechorías, pero lo peor, nunca pude estrecharla ni saber quién movía esas satánicas falanges podridas. Hubiera sido todo un placer conocer al artífice de tanto miedo y de las historias que en este momento, recién, podemos decir, podrán descansar en paz.

domingo, 1 de noviembre de 2015

La mano peluda

Hay historias que no deberían contarse, mucho menos a estas horas de la madrugada, cuando la silente oscuridad hace pensar que uno está siendo más que acompañado. Y es que escribo estas líneas con temor, porque siento que un fantasma me observa, o peor aún, me acecha para ahorcarme en mi descuido. Miro hacia atrás y solo veo a una de mis gordas gatas, encrespada y con la mirada fija en un punto vacío al lado de la puerta, esperando el momento para lanzar un zarpazo a una imagen invisible. Evito sus brillantes ojos, aterrado por no conocer lo que ella sí.

Relato, lo admito, con un poco de licor en mi dura cabeza, esta nebulosa narración. Y lo hago con la convicción de que hoy no dormiré en paz, porque una terrible pesadilla me despertará unas horas más tarde. Hace poco, buscando un poco de arte visual, di con unas viejas pinturas de íncubos y súcubos. Esas antiguas representaciones satánicas y oníricas revelaron que no estaba equivocado y que entre las horas que nadie vive, los demonios hacen de las suyas.

Y es que puedo asegurar que he sido víctima de sus nocturnas travesuras en más de una ocasión. Muy seguidamente mi padre se levanta asustado por culpa de su hijo mayor que lleva su mismo nombre, ese hijo soy yo, que de madrugada, en medio del silencio sepulcral de la casa que nos acoge, lanza un desgarrador grito. Él mueve mi cuerpo para ver si algo me pasa, o para descubrir la razón de mi supuesto dolor. Yo me muevo mirando a mi eventual salvador y con rostro somnoliento lo tranquilizo con mi clásica frase: “Lo siento papá, solo fue una pesadilla”.

Él se vuelve a dormir, mientras mis ojos no cierran sus párpados a la espera de que mi atacante vuelva a perpetrar su asfixiante castigo sobre mi cuello. Es muy probable que a muchos le haya pasado, cuando entre ronquidos uno se siente ahorcado y siente la impotencia de no poder lanzar un grito rogador de auxilio. Es una sensación atroz, cuando en la tranquilidad del descanso y de improviso sentimos esa terrible conmoción del estrangulamiento o del sexo productor de eyaculaciones nocturnas.

Los psicólogos lo llaman “parálisis del sueño” y se produce cuando la víctima inmovilizada, no puede respirar estando dormido. Esto ha ocurrido durante siglos y fue así que en la mentalidad religiosa y mágica de los creativos aparecieron los íncubos y súcubos, demonios que se visten de mujer o de hombre y que nos atormentan por las noches o producen que nuestros libidinosos líquidos manchen los pantaloncillos que utilizamos de pijama. Hasta allí entiendo los efectos psicológicos producto de la dureza de las distintas vidas y que hacen sufrir alucinaciones a los espíritus más vulnerables y temerosos como el mío.

Pero cuento un caso especial que se está presentando en mi hogar en las últimas semanas, la aparición de una misteriosa y terrorífica mano peluda. Lector, si le parece ridículo este post, pues deje de leerlo en este momento, porque aunque no lo crea, me ofendería que alguien, ahora sí, se atreva a cuestionarme, porque a pesar de mi eterna y terca incredulidad, he sido testigo de sus fechorías al igual que casi toda mi atormentada familia.

El primero en ver la mano peluda fue mi hermano menor de nombre Gianfranco. Estaba él saliendo del baño y vio una extraña figura sobre su hombro, una larguirucha mano de apariencia pútrida que lo llamaba sin ningún cuerpo que la sostuviese. Como es de esperarse se metió despavorido a su cuarto y cerrando la puerta escuchó, totalmente asustado, como unos dedos la golpeaban, insistiendo para que la abran. Días después mi madre la vio en la cocina, ella también se espantó con aquella manifestación de ultratumba. A mi hermana Meryjean le cerró la puerta del baño, para luego presentársele de amanecida haciendo un ademán de saludo. A mí me cambió la música que emanaba de mi celular cuando este se hallaba encima de la tabla de planchar. No había nadie en ese lugar y para cambiar la melodía que tengo grabada en su memoria, hay que seguir varios pasos, más aún cuando se quiere cambiar a frecuencia modulada.

Aquella desconocida mano ha sido producto de bromas entre los miembros de mi familia y cuando lo comentamos con amigos cercanos somos el centro de las burlas, pero cada vez que hablamos de ella nadie quiere ir a dormir solo porque tememos que vuelva a aparecer y nos coja sin confesarnos. Yo ya estoy harto de que los espectros me atormenten. Hace muchos años era tanto el acoso fantasmal que tuvimos que traer un sacerdote católico para que literalmente exorcice nuestra morada. El sacerdote, al entrar a nuestra sala, no dudó en persignarse e inmediatamente echó agua bendita para ahuyentar a nuestros parásitos demonios.

Me causa intriga esta envejecida mano, es posible que sea algún alma pidiendo ayuda, y tanto sufrimiento tuvo que padecer en vida, que solo materializa una parte de su extremidad porque no llega a ser brazo. Sea como sea su presencia se nos ha hecho cotidiana y cuando la vemos o sentimos su compañía procuramos ignorarla, aunque confieso que me gustaría estrecharla, quizá jalándola pueda ver el cuerpo completo de nuestro indeseable huésped y poder reclamarle por qué perturba nuestra poca tranquilidad.

Es más, me parece muy extraño haber escrito este espectral post en tan pocos minutos, veinte para ser exacto, pero tengo dos hipótesis. La primera es que estoy sintiendo tanto miedo que el apuro me ha obligado a hacerlo, y la segunda es que sea la mano la que lo está haciendo por mí, pidiendo ayuda a través de mi escritura porque no puede apoderarse de mi cuerpo entero pero sí del movimiento de mis endebles dedos.

Iré a dormir esta noche con la televisión prendida y espero conciliar el sueño porque en el mundo de los seres metabólicos tenemos que trabajar los lunes para poder vivir. Si la televisión amanece prendida es que la mano me ha dado tregua esta madrugada, pero si solo veo oscuridad en la pantalla, es porque ella, y nadie más que ella, se ha dado el trabajo de apagarla por mí.


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