domingo, 25 de junio de 2017

House of cards Vs. Designated survivor

Frank Underwood es un brillante hijo de puta, un siniestro político que si nos regimos a la academia, es un genuino psicópata organizacional que busca llegar y mantener el poder a cualquier precio, es también, para los que no lo conocen, el protagonista de House of cards, una serie norteamericana que nos muestra su ascenso meteórico desde el Congreso hasta el sillón presidencial de los Estados Unidos de América. Este es uno de los personajes más perversos que ha visto nacer la televisión. Sus fechorías pueden tener repercusiones mundiales y su figura es el más claro ejemplo de cómo no debería ser un político honesto. Su actuar responde a la aplicación de los principios de Nicolás Maquiavelo. A su lado se encuentra Claire, su ambiciosa esposa, puede decirse que Frank es un producto delineado por ella, y que sus logros en la política se deben en gran parte a su apalancamiento. A pesar de ser ficción, ambos representan la realpolitik, donde prima el pragmatismo más aterrador y escasean los condicionamientos morales. No tienen hijos, son asesinos y son mutuamente infieles. Una pareja de temer más aún cuando comparten la Sala Oval.

Thomas Kirkman es la otra cara de moneda. Designated survivor es una serie que nos presenta a un hombre que llega al poder sin desearlo. Ante un ataque en el que perecen el Presidente, su gabinete (del que formaba parte como Secretario de Vivienda) y el Congreso de los Estados Unidos, “Tom” asume la presidencia por haber sido elegido el “superviviente designado”. Frente al desastre nacional y a la acéfala administracion tiene que enfrentar el reto de ser el hombre más poderoso del mundo, puesto para el que no se siente preparado. Tom tiene una familia constituida en base al amor, su esposa Alex es una mujer que cree incondicionalmente en él y le brinda su apoyo en todos los duros momentos que tiene que afrontar. Su gobierno, si bien accidentado, se rige por la transparencia, las buenas prácticas y por una idílica moralidad que difícilmente veríamos en muchos de los políticos de carne y hueso. Parece que sus creadores quisieron blanquear la imagen de la política estadounidense después del impacto del inefable Frank Underwood y su emocionante castillo de naipes.

Me pregunto si Donald Trump es tan fanático de Frank Underwood como lo fue su antecesor Barack Obama, o si ingenuamente prefiere a Thomas.

¿Y tú, por quién te inclinas?


domingo, 18 de junio de 2017

Rosa Chumbe, cine peruano de gran calidad

Rosa Chumbe es el reflejo insensible de muchas vidas ensombrecidas por la multitud del anonimato. El relato de una mujer policía, pero no de cualquiera, ella es alcohólica y ludópata, una mujer que se mueve entre callejones infestados de malvivientes y pistas rotas. Sus días transcurren en una atmósfera trágica, el barrio feo, un bebé que llora de hambre, la plata bajo el colchón. Todos los días toma un ron de trece soles, curiosa cantidad cabalística que contiene su perdición, se come un chaufa barato después del casino y pide yapa a la tía del ambulante anticucho. No hay razón para su sombrío presente y por momentos pienso en “El proceso” de Kafka o en el insecto de “La metamorfosis” y los inexplicables giros que experimentaron sus desgraciados protagonistas.

Una antihéroe limeña que pasea en buses viejos y destartalados, cuya hija Sheyla roba sus ahorros para abortar de forma clandestina, y que trabaja en las llamaditas de “china”. El show cómico del Gordo Casaretto es lo que la saca de sus prolongadas tristezas y el Señor de los Milagros quien termina salvando su alma, o quizá devolviéndosela al cuerpo. No hay festejos ni en el final inesperado y esperanzador, el silencio que también forma parte de los pocos diálogos se apodera de los ojos que se atreven a mirarla desde la esquina hipócrita de una lejanía que no existe. ¡Cuántas (o cuántos) Rosa Chumbe hay en la capital!

Una pequeña obra maestra que penetra en el silbido cobarde de los que observan la desdicha y la dejan pasar, de aquellos que se comen un menú mientras niños pobres cantan con sus gargantas heridas para un pan, o que ven, indiferentes, como un piraña roba para comprarse terokal. Nada sobra en esta desesperada película, pues regurgita las vergüenzas de una ciudad asolada por la desventura, en la que la fe puede ser la única razón que queda para salir del hoyo existencial o de la espiral que infinita se dirige hacia abajo. No existe una razón para abandonar la soledad.

Rosa y Sheyla nos dejan un involuntario mensaje, y es que la expiación o el arrepentimiento pueden salvar una vida, mientras que el miedo o el enojo pueden acabar con ella. Resurrección y muerte es lo que cada una termina por representar, lastimosamente, lo inverso a la historia de Dios, o de su hijo que igual da. Una vez en su laberinto, en su fotografía, en sus planos, en su Centro, en sus multitudinarios reveses, Rosa Chumbe no termina, o esa es la sensación que nos deja su milagroso minuto final, cuando amanece y ya todos están dormidos. Una gran producción nacional, del director Jonatan Relayze.


martes, 13 de junio de 2017

Los abogados de Breaking Bad

Breaking Bad es la historia de un viejo profesor de química cuya inteligencia había caído en el desuso y que un día cualquiera se entera que le quedan solo unos meses de vida por un agresivo cancer al pulmón. Con un hijo encima y otra por venir toma una decisión radical que debería asegurar su carísimo tratamiento y el futuro de su familia: empezará a “cocinar” metanfetaminas y se convertirá en traficante de drogas. Este es el comienzo de una trepidante sucesión de hechos que narran la incursión de Walter White y de su joven socio Jesse Pinkman en este peligroso mundo de cárteles, asesinos y de abuso de alucinógenos.

Breaking Bad ha sido calificada por muchos como la mejor serie de la historia, por ello ha generado cientos de artículos alrededor del mundo, por lo que no es mi misión darles un inútil resumen ni ditirámbicos elogios porque ya demasiados lo han hecho. Si buscan una recomendación, pues la tienen, pero esta vez solo me limitaré a presentar a los abogados que aparecen en la serie dado que se pueden identificar dos estilos claramente diferenciados, y por qué no, maniqueos en el manejo de sus valores y ética profesional.

Por un lado está Pamela, una abogada de familia que asesora a Skyler, la esposa de Walter. Skyler acude a esta solicitando sus servicios en el trámite de divorcio que desea iniciar contra su esposo. Pamela debe salvaguardar los intereses de su clienta y pregunta sobre las sospechosas finanzas de Walter recordándole a Skyler el compromiso de confidencialidad abogado/cliente. Cuando se entera que Walter trafica con metanfetaminas solicita el permiso de Skyler para denunciarlo pero esta se opone. Esta abogada nunca piensa en lucrar con la desgracia de su clienta, tampoco traicionó el secreto profesional, y hasta donde se ve, mantiene una conducta intachable dado que quiso denunciar el delito a las autoridades.

La otra cara de la moneda es Saul Goodman, un egocéntrico y ambicioso abogado que representa los intereses de Walter y de todos los villanos principales de la serie. Este, además de abogado y consejero, es una suerte de puente entre sus clientes y otros personajes aún más oscuros, como narcotraficantes, sicarios, o gente que puede crear identidades falsas a prófugos de la justicia o del hampa. Evidentemente cobraba altos honorarios y comisiones por sus asesorías, contactos, información y por guardar en su despacho millones de dólares que debido a la rapidez con que se ganaban aún no podían ser lavados ni gastados. Este abogado rompe todos sus principios, complota, traiciona y hasta es cómplice de innumerables delitos, por lo que muy pocos estudiantes de Derecho lo querrían como mentor.

La evolución de Walter White ante la inminente llegada de su muerte lo lleva a explotar al máximo sus capacidades, descubriendo el monstruo que escondía en su interior y que nadie está libre de parir ante situaciones tan extremas, pero valgan verdades, su historia estaría incompleta sin Saul, su inefable asesor legal, quién apalancó muchos de los intensos capítulos donde su cliente fue el irrefutable protagonista.




lunes, 12 de junio de 2017

Julio Abanto: El Congreso de la República durante la ocupación chilena: Chorrillos, Ayacucho, Cajamarca y Arequipa, 1881-1883.

Pocas personas conocen los trágicos sucesos que acaecieron durante la ocupación chilena de nuestra capital, mucho menos las circunstancias en las que se firmó el Tratado de Ancón a través del cual Miguel Iglesias cedió Tarapacá a nuestros enemigos, dejando Tacna y Arica para un posterior plebiscito que decidiría sus destinos. Una dosis de historia nunca viene mal.

Entre 1881 y 1883 resaltaron cuatro personajes: Francisco García Calderón, Nicolás de Piérola, el mencionado Iglesias y Lizardo Montero. Cada uno de ellos estableció asambleas legislativas en distintas zonas del país: Chorrillos, Ayacucho, Cajamarca y Arequipa. La razón: justificar su mandato con un Congreso para hacer frente a los chilenos instalados en Palacio de Gobierno y en distintos puntos estratégicos de nuestro territorio.

El libro señalado en el título estudia estas asambleas desde la perspectiva histórica a partir de investigaciones realizadas en distintos archivos y bibliotecas del Perú. El resultado: un libro que de forma transversal recorre la historia política del Congreso, la historia de su composición social y económica, la historia de sus leyes, la historia de sus relaciones internacionales, la historia de sus intereses, y como no, la historia de sus corrupciones.

Cuatro asambleas de corta duración que jugaron un rol determinante para sus líderes o caudillos mientras Andrés Avelino Cáceres perdía en Huamachuco gracias la inacción de sus integrantes. Pareciera que no podemos silenciar a Vico y a su historia circular, ni tampoco amordazar a Mircea Eliade y a su eterno retorno: el Congreso siempre tuvo los mismos problemas, intereses económicos y políticos, corrupción, personajes innombrables y fraudes electorales, tanto en el siglo XIX como en el XXI.

Considero tres los méritos de esta obra. El primero es el aporte historiográfico. Muchos dicen que la Guerra del Pacífico es un tema de investigación agotado, Julio Abanto desmiente este mito académico al elaborar su estudio con nuevas fuentes y desde una perspectiva novedosa que sin duda echará raíces en los años posteriores. El segundo mérito es indirecto, desenmascara el accionar de esta importante institución en la “larga duración” braudeliana, a pesar de analizar un periodo corto, basta con mirar nuestra realidad para ver las evidentes recurrencias. Y el tercero es al nivel sociológico, pues de su lectura concluimos que seguimos adoleciendo los mismos males de los años previos a la aciaga guerra: desunión nacional, interés personal sobre el colectivo, representatividad casi nula de las minorías y un largo y triste etcétera.


El libro de Julio, de quien puedo asegurar un incansable rigor académico, debe ser lectura obligatoria no solo de historiadores, sino también de internacionalistas, abogados, politólogos, sociólogos, militares, y de cualquier ciudadano que desee conocer el actuar de la clase política, terrateniente y militar durante este conflicto internacional cuyas heridas se reabren muy de vez en cuando en ambos lados de la frontera.


domingo, 11 de junio de 2017

Inquisiciones peruanas: una diablura de Fernando Iwasaki Cauti

Nos han hecho creer que la Lima del siglo XVII olía a santos y procesiones, sin embargo, la Santa Inquisición custodia historias que nos podrían aterrorizar. Beatas dominadas por la pasión, íncubus atacantes de la noche, santos erectos, negros sodomitas, curas seductores de confesantes, falsos hombres de Dios, pecadores, lascivos, nigromantes, violadores, pederastas de sotana, adúlteros, en fin, hubieron quienes se alzaron contra las enseñanzas de la Santa Iglesia Católica y que condenando sus almas al Infierno, estuvieron en su Paraíso durante su vida terrenal.

Fernando Iwasaki los rescata del olvido y lo hace a través de pequeños cuentos basados en historias reales extraídas de archivos peruanos y extranjeros. Y lo consigue haciendo gala de su inagotable erudición mezclando historia y literatura. Desfilan en sus relatos todos estos personajillos que escandalizaron a su época en medio de citas filosóficas, patristicas y doctrinarias propias del barroco de este siglo y del posterior sin perder el humor y la ironía. Si son amantes del barroco y no son embusteros hipócritas ni santurrones, este librito les va a fascinar.

En palabras del propio autor, uno de los objetivos del libro es buscar su propia excomunión. Si este sacrílego escritor logró su cometido entonces el Diablo, que tantas veces aparece en su narración, estoy seguro que lo recibirá con los brazos abiertos en medio de jocosas llamas infernales. El título original es el siguiente: Inquisiciones peruanas: donde se trata en forma breve y compendiosa de los negocios, embustes, artes y donosuras con que el demonio inficiona las mientes de incautos y mamacallos. Lamentablemente muchos de sus protagonistas fueron víctimas de los terribles autos de fe donde acababan con sus vidas. Si hubiesen nacido en nuestra época, según Fernando Iwasaki, muchos serían estrellas de la televisión. Amén.


lunes, 15 de mayo de 2017

Utopía. La sociedad imposible de Tomás Moro

Un Estado “ideal” pero irrealizable, cuyos gobernantes y funcionarios son elegidos a través de una incipiente pero eficaz democracia, donde se reconoce al más capaz y se reduce a la esclavitud a los que faltan a las leyes. Una sociedad pacífica pero que aprendió a defenderse, que desprecia las piedras preciosas y que distribuye los bienes de manera equitativa porque en ella no existe la propiedad privada. Esto es Utopía, el país imaginado por Tomás Moro en su novela homónima.

Ubicada en los recuerdos de Rafael Hitlodeo, un viajero que habría surcado el océano en los barcos de Américo Vespucio, Utopía aparece retratada como contraposición de las sociedades del periodo humanista. En su ficción Moro entabla una conversación con este aventurero, quien rechaza trabajar para los príncipes porque estos privilegian la propiedad privada y se han vuelto egoístas. Rafael describe Utopía para demostrar que existen formas alternativas de gobierno, de moral, de justicia, y de distribuir la riqueza acumulada por los aristócratas.

Algunos reconocen este libro de 1516 como un antecedente directo del socialismo utópico de mediados del siglo XIX. En esta época un puñado de pensadores ensayaron experimentos para llevar a cabo el ideal socialista antes del manifiesto de Marx. Algunos, los más osados, fundaron comunidades autárquicas donde la propiedad era colectiva y el dinero réprobo, pero sus resultados no fueron muy alentadores dado que se enfrentaron a un mundo con valores diferentes y contrarios a los suyos.

Al igual que Moro, sus ideales acabaron traicionados por el inclemente látigo de las circunstancias adversas. Este influyente libelo, en el que criticaba sutilmente a su propia realidad encierra toda una filosofía política que ha sido materia de importantes ensayos e investigaciones, por ello recomiendo su lectura, no solo por ser un libro fundamental en la historia del pensamiento occidental sino porque hace poco se conmemoraron los quinientos años de su inmortal aparición.

Una lectura que implica más compromiso que placer, con referencias clásicas que ejercitarán sus neuronas, sin embargo, no perderán la cabeza ni se convertirán en santos como su obstinado autor. 


domingo, 14 de mayo de 2017

Penny Dreadful, una poética serie de terror

Las creaciones literarias de Oscar Wilde, Robert Louis Stevenson, Bram Stoker, Mary Shelley y distintos personajes de la cultura popular son llevados a la pantalla chica para mostrarnos a través del terror, una serie de dimensiones poéticas ambientada en el siglo XIX británico y estadounidense.

La literatura, la filosofía, el mito, la ética y la religión se juntan en esta mistura de tres temporadas, en la que veremos a Drácula y a su incondicional Renfield, al Dr. Víctor Frankenstein y a su “monstruosa” creación, al Dr. Jekyll y su suero “milagroso”, a Dorian Gray y su cuadro de inmortalidad, al mismísimo Lucifer y a sus brujas demoníacas.

Los hombres lobos atormentados por sus licántropos pecados, las prostitutas londinenses y sus ansias de venganza feminista, la riqueza de los aristócratas versus la pobreza extrema de los proletarios de las fábricas de la Revolución Industrial, la vida digna contra la muerte inacabada, la eterna lucha por el bien de algunos y el mal para los otros, el salvaje oeste norteamericano, la tuberculosis y la lepra como estigmas de los desposeídos.

Por momentos es una serie psicológica, en otros policial, de acción, de suspenso, erótica, mítica, siempre lírica, siempre gris, para verla en soledad. Gran actuación de Eva Green en el papel de Vanessa Ives, una mujer atormentada por demonios que quieren su sumisión, y a través de esta desatar el final de los tiempos del hombre.

No brindaré más detalles de esta bien lograda serie siniestra, solo añadiré que a través de ella se puede encontrar humanidad, piedad y amor hasta entre los seres nocturnos y deformes más insospechados, mostrándonos que los seres humanos somos esa rica mezcla de bondad y maldad, de fealdad y belleza, y que somos libres de elegir, de crear nuestros propios mundos, y por qué no, la forma en que deben terminarse. La ven en Netflix.


sábado, 6 de mayo de 2017

Merlí y la aplicación práctica de la filosofía

Platón, Maquiavelo, Aristóteles, Sócrates, Schopenhauer, Foucault, Guy Debord, Epicuro, Hume y Nietzsche no son solo filósofos desaparecidos, sino también, para nosotros los homo videns de Sartori, son algunos de los nombres de los capítulos de Merlí, una serie catalana que valiéndose de los postulados de los antes mencionados teje una entretenida y pedagógica trama en torno a un profesor de filosofía, sus alumnos y sus padres, su madre, sus mujeres y sus colegas.

Merlí es este profesor que tiene por alumno a su propio hijo y a un grupo de jóvenes a los que les enseña filosofía de un modo poco convencional, este les inculca el librepensamiento y los llama “los peripatéticos”, en honor a los integrantes de la escuela aristotélica y por ser sus aprendices. Aparecen representados de esta forma los recordados “solo sé que nada sé”, “el fin justifica los medios”, el mito de la caverna, el pesimismo, los escépticos, los sofistas, el superhombre.

Lo anterior se mezcla inteligentemente con la aceptación del yo homosexual, la inclusión social de los introvertidos que han sufrido el bullying, la crítica del neoliberalismo, el cuestionamiento del sistema educativo “bancario” como lo definiría Paulo Freire, el rechazo de la hipocresía generalizada, y un afán por exaltar la forma de vida hedonista. Lejos de aburrir con grandilocuentes monólogos filosóficos, la serie aplica los conceptos para el entendimiento de la vida de estos jóvenes y los problemas que acarrea el proceso de descubrimiento de la vida adulta.

La primera temporada está en Netflix (a quienes estoy pensando en cobrarles por la publicidad), la segunda aún no llega a nuestro país, y para la tercera ya se firmaron los contratos en España. Apliquen el empirismo por esta vez, usen su maltratado sentido de la vista, no se arrepentirán, más aún si han experimentado el placer de leer algunas de las obras de estos olvidados personajes. Joder.



sábado, 29 de abril de 2017

La última tarde – Una película de Joel Calero

Sentado en solitario, en un cine medio vacío, recuerdo por qué vine a ver esta película. La trama, al inicio, no me había parecido muy innovadora. Días antes pude leer alguna crónica que me la describió como el reencuentro de dos esposos que tenían por decisión divorciarse. Hasta allí no pensé hacer la cola del ticket, sin embargo, líneas más adelante, escrito estaba que ambos eran ex integrantes del MRTA. Súbitamente me pregunté, seguramente como muchos, ¿se casaban estos asesinos de mierda?

Desde hacía un tiempo un debate en torno a la heroicidad de los Comandos Chavin de Huantar se había apoderado de diversos medios de comunicación. Yo estaba de acuerdo (Antonio Zapata no). Y ahora, en medio de este acalorado ir y venir de argumentos, algunos motivados por la pasión, por posturas ideologizadas, o por oportunismo político, una película nos mostraría un lado humano de dos ex amantes de la misma agrupación protagonista de aquel desdichado secuestro. Era al parecer, una mirada diferente, otra dimensión del mismo trasfondo de aquellos años violentos. Su director, en parte sanmarquino, había capturado totalmente mi atención.

La primera imagen que apareció en la gigantesca pantalla fue la de un hombre cualquiera sentado en un feo juzgado, su nombre es Ramón y es un cusqueño que trabaja vendiendo microcréditos. Su espera se ve interrumpida con la llegada de Laura, su esposa limeña a la que no veía en casi veinte años. La razón de su reencuentro es la firma de los documentos de su postergado divorcio, el mismo que había sido solicitado por la madre de Laura, quien quiere repartir sus bienes en herencia, para lo cual existe un único e indispensable requisito: que ella se separe de aquel hombre con el que huyó de joven.

Debido a que el juez no terminó de firmar algunos papeles, ellos se ven obligados a pasar unas horas juntos. De esta forma empieza una larga caminata por Miraflores hacia el mar de Barranco, tiempo que aprovechan para conversar sobre cómo les fue en la vida. Mientras veía esto, los otros espectadores reían al escuchar algunas frases de reproche de los actores con las que cualquiera se podría sentir identificado: el clásico “¿por qué te fuiste?”. Las parejas consumidoras de pop corn se miraban en complicidad, como diciéndose de forma telepática: podríamos ser nosotros, no sé, de acá unos años.

Todo este escenario de empatía audiovisual cambia cuando los protagonistas empiezan a recordar su antigua militancia. Ahora las miradas se esquivan y ya nadie quiere ser como ellos. La razón: son un par de “terrucos”. Este punto de inflexión marcará todo lo posterior. Sus diálogos, en una forma muy coloquial y natural, ponen en vitrina los cuestionamientos morales, sociales, subversivos y personales de ambos personajes. Ella, de una familia “pituca” y que siempre tuvo lo que quiso por un lado, y él, un muchacho pobre que veía en la lucha armada una forma de canalizar sus resentimientos. 

Se habían casado muy jóvenes y se amaron al mismo tiempo que abrazaban la bandera del MRTA. Mi reduccionista pregunta inicial había sido respondida. Sin etiquetas ni prejuicios vemos aquí a una mujer que si bien militó en una agrupación terrorista nunca terminó por estar convencida de sus métodos, por lo que tuvo que renunciar, desapareciendo a costa de una delación quizá involuntaria, ocasionando la muerte de uno de sus camaradas. Por otro lado, en él encontramos a un sujeto vencido por las circunstancias, empujado a ofrecer dinero a pequeños emprendedores, “ayudándolos” a salir adelante a costa del pago de un interés, trabajo que le da de comer pero que en el fondo desprecia.

En estos individuos encontramos la fractura que quiere sanar la CVR. Su encuentro íntimo con el pasado, la consecuencia de sus actos a nivel personal, las distancias de las clases sociales, el revanchismo, la identificación con el otro, así sea o haya sido un partidario de crímenes inenarrables. ¿Pueden perdonarse ellos mismos?, ¿la sociedad podrá perdonarlos algún día?, la película pone en el tapete estás difíciles preguntas de una forma inteligente y que obliga a la reflexión, no solo moral o ideológica, sino también en su magnitud sociológica. No dejen de ir a verla, no porque sea una película peruana, sino porque transmite ese país que vemos todos los días y que ignoramos volitiva e indiferentemente, esperando que el olvido haga su estoico trabajo.


martes, 25 de abril de 2017

Hemingway y “El viejo y el mar”

Ernest Hemingway fue un Nobel como pocos. Solo él pudo darse el lujo de agarrarse a trompadas con Francis Scott Fitzgerald en un combate memorable, beber orgiásticamente con James Joyce y hablar con el Ulises en su inconsciencia, cazar leopardos y leones en la sabana africana, sobrevivir a dos accidentes de avión y a un incendio forestal, manejar una ambulancia en la Primera Guerra Mundial terminando herido y dirigir una cuadrilla ilegal en la Segunda, siendo el mayor de todos sus caprichos, muestra de una obstinación incontrolable, el haberse casado cuatro veces a lo largo de su vida.

Era pues, además de tozudo, un hombre fuerte, aventurero y alcohólico, con un gusto excesivo por los placeres de la vida, que lo llevaron, paradójicamente, muy cerca de la muerte. Una vida cosmopolita, por tiempos aristocrática y mundana, que acabó de un balazo de escopeta en su boca, cuyo gatillo fue jalado por su propia mano, ante la negativa del destino que no le permitía morir de forma natural, ni por sus huesos rotos, ni por la metralleta que descargaron en sus piernas cuando fue soldado. El no se rindió ante la muerte, por el contrario la miró a los ojos y ella se postró ante él, he ahí la razón de su existencia inmortal.

Un representante genuino de la “Generación Perdida”, aquella pléyade de artistas hastiados de la situación del mundo, que no pertenecieron a ningún lugar, y que terminaron siendo de todos en el París de los años veinte del siglo pasado. Con él no existe la duda, su obra es universal. “El viejo y el mar” es la prueba irrefutable de esto. En una curiosa concurrencia, los seres más desgraciados terminan creando las novelas más esperanzadoras, como la de un anciano a quien la suerte le ha dejado de sonreír y que saca fuerzas de donde no las hay.

Santiago es el nombre de este pescador cubano, quien después de una mala temporada de pesca que ya se extendía por ochenta y cuatro días decide salir a mar abierto a pelear contra su desdichada fortuna. Una vez allí sus anzuelos atrapan un pez de dimensiones descomunales. El viejo Santiago no va a rendirse ante la oportunidad de matarlo y "alimentar a mucha gente con él", así que se enfrasca en una lucha de tres días a fin de lograr su tan ansiado objetivo. Santiago no deja de admirar su fortaleza, y pelea hasta el momento en que por fin logra clavarle el arpón.

Pero la historia no queda allí. La sangre del pez atrae a diversos grupos de peligrosos tiburones, a los que Santiago también mata defendiendo su presa. Es una lucha feroz mientras alucina y conversa consigo mismo en escenas casi delirantes y llenas de frases entrecortadas y de aliento en medio del hambre y del dolor. A pesar de las adversidades el viejo nunca capitula y logra llegar a puerto con los restos esqueléticos de su cacería marina, causando admiración entre los turistas y otros pescadores que lo daban por perdido o por muerto, entre ellos Manolín, un joven con el que trabajaba y que es su compañero y discípulo.

La perseverancia, la lucha contra la adversidad, la fortaleza en los momentos más difíciles y la solidaridad son los gritos ahogados de una generación que vivió dos guerras mundiales, aquellas ocasiones en que las circunstancias demostraron que no peleamos por la supervivencia sino por nuestras codiciosas necesidades insatisfechas. El viejo Santiago no es nada más que un hombre que batalla por lo suyo, como los hay millones, y su historia, como la de la gran mayoría, perecerá en el olvido debido a que prestamos atención a los “grandes hombres”, muchos de los cuales no merecen ser recordados.


miércoles, 19 de abril de 2017

Orgullosamente solos - José Carlos Yrigoyen

Carlos Miró Quesada Laos, un ex director de El Comercio y propulsor incorregible del fascismo en el Perú, es el personaje en torno del cual gira esta novela inclasificable. Escrita por su nieto desde la distancia que proporciona el tiempo y la muerte, José Carlos Yrigoyen, el aludido, nos brinda a la vez, y estoy intentando descifrar, quizá un testimonio catártico, quizá una confesión familiar, quizá una historia escondida de Haya de la Torre. No estoy seguro, no lo sé.

Lo evidente, desde sus iniciales páginas, es lo que sigue: “es un novelón”, como me parece haber leído opinar al barbón Ampuero de esta gran entrega. La historia como devenir es solo un mantel, en el que se sirven los platillos de la intriga, la política, la traición, la diplomacia, la infidelidad, y en todos los aspectos, de forma transversal, la doble vida de este también ex candidato a la presidencia del Perú, finalmente un hombre, con sus convicciones, odios y postergadas venganzas.

Jose Carlos Yrigoyen nos relata la vida pública y privada de este su abuelo materno, uno de los más poderosos e influyentes Miró Quesada, protagonista de casi cuarenta años de historia republicana, enemigo acérrimo de los apristas (que le asesinaron a los padres), y que era partidario de los tristemente célebres Adolfo Hitler y Benito Mussolini allá por la década del treinta, editando periódicos, libros y panfletos en abierta campaña pro implantación de la ideología fascista en nuestro país, a sus ojos, eternamente en crisis, como escribiera en uno de sus textos.

Es un libro, me da la sensación, escrito por una imperiosa necesidad del autor de encontrarse consigo mismo, y a la vez desarraigar de su memoria la imagen con la que lo convencieron del buen hombre al que siempre admiró y que finalmente tuvo que poner en evidencia al romper el mito de su falso recuerdo. El producto es un anecdotario político, un esforzado memorial, un ensayo histórico, un desenmascaramiento del APRA, un recordatorio de las infames alianzas que se repartían el país y los cargos públicos a mediados del siglo pasado.

Lejos de ser una apología a la figura del abuelo, y tampoco una férrea reivindicación de la abuela, la otra gran protagonista de la novela (y su amante por décadas), nos acerca de modo extremo a una realidad que tenemos más vigente de lo que imaginamos: la hipocresía de la sociedad limeña, aquella que tira la piedra para esconder la mano y que ve en el pecado de algunos, la salvación de los otros; aquella que vela por los intereses particulares antes que por el beneficio común. Nadie la amó jamás.

Independientemente de literaturas, Yrigoyen, documentado hasta el tuétano, aunque no sé si queriendo, nos regala uno de los libros de historia más entretenidos que he tenido la oportunidad de disfrutar desde el inicio hasta sus últimas palabras. El fascismo peruano, el actuar de El Comercio a lo largo de los años, el partido de la estrella, la influencia de los Miró Quesada en el tejido del poder, el Buenos Aires de la II Guerra, la Italia del Duce, la Alemania del Führer. Todo cuadra perfecto en esta indagación voluntaria de sus encopetados orígenes. Lo recomiendo, totalmente, más aún si tienen un pasado con el que no pueden dormir tranquilos en la misma cama.



martes, 18 de abril de 2017

El elegido: Una microhistoria del asesinato de Trotski

Netflix acaba de estrenar “El elegido”, una producción que pone en pantalla el proceso geográfico y psicológico por el qué pasó el asesino de León Trotski, después de que Stalin, uno de los más perversos genocidas de nuestra historia reciente, ordenara su muerte desde el Kremlin porque lo consideraba un traidor a la Revolución Rusa. León Trotski fue, para los que no lo conocen, uno de los líderes de la revolución que llevó al establecimiento de la poderosa Unión Soviética, pero circunstancias posteriores lo llevaron a huir hacia México, donde vivió por años antes de ser ultimado.

Trotski murió producto de un fuerte corte en la cabeza en agosto de 1940. Su verdugo le clavó una filuda piqueta que lo mantuvo agonizante durante varias horas antes de su expiración final. Dicen los testimonios que sus desgarradores gritos atravesaron las paredes y que su asesino los escuchó hasta el día de su propia muerte, acaecida en Cuba allá por los años setenta. Pero, ¿quién fue este hombre que tuvo que cargar sobre sus hombros la misión de asesinar al creador del Ejército Rojo?

Su historia, aunque criminal, resulta fascinante para las crónicas rojas y detectivescas. Su nombre fue Ramón Mercader, un ferviente comunista en tiempos de Francisco Franco. Fue reclutado por agentes de la policia secreta sovietica, entre los que se encontraba su propia madre, figura influyente y determinante en todas sus decisiones. De España se lo llevaron a la URSS para someterlo a un riguroso entrenamiento, y de allí a París con el objetivo de seducir a Sylvia Ageloff, la asistente de Trotski, cuya estadía en Francia se debía a la organización de la IV Internacional Comunista.

Para lograr su objetivo se presentó con el nombre de Jacques Mornard, una identidad falsa que le permitió infiltrarse en lo más íntimo del círculo de colaboradores trotskistas y llevar a cabo su bien urdido plan. La película narra los tres años que duró este anunciado proceso mortuorio y el posterior desenlace en el que Ramón Mercader asume su nuevo rol por completo, al punto de que en sus declaraciones parece que estuviese convencido de su nueva personalidad, idealizando a una madre inventada, producto de su imaginación, o quizá de sus más recónditos deseos.

Una historia real que parece sacada de la ficción de un creativo escritor de novelas policiales. Mercader terminó condenado por muchos años, pero al salir en libertad fue condecorado por la URSS gracias a sus crimínales servicios, que paradójicamente lo convirtieron en héroe de la revolución. Murió en Cuba, aunque permanezca inmortal por ser uno de esos denominados “sujetos de la historia” de los que tanto nos gusta investigar.

Es una suerte de microhistoria cinematográfica, dado que a partir de la narración de este episodio salen a relucir otros grandes procesos tales como la Guerra Civil Española, las luchas intestinas del socialismo “realmente existente”, el dogmatismo de sus integrantes, el mundo del espionaje internacional y la vida en México de los años cuarenta, con sus exiliados revolucionarios románticos y grupos comunistas. Una recomendable película que sin llegar a la genialidad se inserta en la moda del centenario de la Revolución Rusa que terminó con el gobierno zarista y que configuró a la URSS, protagonista de los principales hechos históricos del convulso y corto siglo XX, como es definido por el historiador marxista Eric Hobsbawm.


miércoles, 12 de abril de 2017

Costumbre y automatización. El archivo de un estudio de abogados

Los estudios de abogados acompañan a la historia del Perú desde fines del siglo XIX, sin embargo, fue con la apertura internacional, luego del aislamiento del primer gobierno aprista, que la llegada de inversionistas extranjeros catapultó a toda una generación de abogados que aprovecharon la oportunidad de expandir su campo de acción ante las nuevas necesidades de asesoría legal que se presentaron. Sus áreas administrativas también tuvieron que adaptarse a estos cambios y deslindar con antiguas prácticas que ahora veríamos obsoletas. El resultado fue que en la actualidad se esté experimentando una revolución tecnológica que ha repercutido en toda la gestión de este tipo de organización, y la gestión de sus archivos no es ajena a este cambio de paradigma.

La fuerza de la costumbre. Si le mencionamos costumbre a un abogado, este nos dirá que es la fuente primordial del Derecho consuetudinario. Pero si acudimos a otros profesionales, nos señalarán que la costumbre, como forma habitual y establecida de obrar las cosas, puede poner ciertas barreras para la innovación, y que la tradición administrativa escrita en piedra instaurada por esta podría generar una gestión del cambio ineficiente para una cultura organizacional que se estime de vanguardia, un peligro latente para la supervivencia de las organizaciones modernas que están obligadas a adaptarse rápidamente a los vaivenes inesperados del mercado globalizado. Los tiempos modernos exigen a las empresas enfrentar situaciones límite a diario, y su capacidad para responder a estas determina su longevidad. Los estudios de abogados no son ajenos a esta realidad. Para no quedar relegados muchos de ellos están poniendo un énfasis cada vez mayor en repotenciar sus áreas administrativas buscando consolidar equipos de alto desempeño. Para lograr su objetivo están integrando gerencias de índole tecnológica y con enfoque de gestión de proyectos antes insospechados en el ambiente jurídico, cuya historia se ha regido más por la usanza de la costumbre que por procesos automatizados. Sin embargo, existe una actividad transversal a toda la organización que aún no toman mucho en cuenta pero que es vital para el aseguramiento de su permanencia: la gestión de la información, y particularmente, la de sus archivos.

Los que nos dedicamos a estos quehaceres sabemos que los archivos siempre estuvieron relegados a los rincones más olvidados, siendo destinados únicamente a la custodia de files y sin ninguna posibilidad de aspirar a gestionar la información que resguardaban y darle un valor para el negocio. Esto se debió a distintos factores:

1. Visión del archivo como un simple depósito o almacén de documentos.
2. Escasa profesionalización del personal que laboraba en los archivos.
3. Conocimiento nulo del Derecho de parte de los responsables de los archivos.
4. Comunicación poco efectiva entre abogados y personal administrativo.
5. Escasa preocupación por identificar documentos históricos relevantes.

La experiencia nos ha enseñado que modificar esta situación genera distintos y rentables beneficios para la administración de los estudios, que repercuten directamente en la satisfacción de sus clientes.

Beneficios y consecuencias de un archivo automatizado. En general y debido a lo señalado, el mercado legal peruano padecía de esta grave epidemia: el olvido voluntario de sus archivos. Sin embargo, con la llegada de estudios globales a territorio nacional, los autóctonos se vieron en la necesidad de renovar sus prácticas habituales. Algunos confiando en el ingenio de sus equipos, apostaron por los abogados que regresaban de largas estadías de intercambio o maestrías extranjeras, los cuales importaron su experiencia ganada, principalmente en estudios estadounidenses y españoles; mientras que los demás aplicaron el denominado benchmarking, es decir, la observancia de la competencia en pos de capturar sus mejores prácticas y adaptarlas a su propia realidad. Sea cual sea la motivación del cambio, poco a poco los managing partners de los estudios de abogados han caído en la cuenta de la importancia de la gestión de sus archivos, esto a partir de los beneficios de tener la información de sus asuntos o asesorías organizadas en una plataforma “amigable” y de fácil acceso, cuyos indicadores les permitan tomar decisiones para una mejor administración de su negocio. 

Un abogado se preguntará para qué sirve tener el archivo organizado y automatizado, más allá de facilitar la búsqueda de información para el trabajo del día a día. A continuación detallamos solo algunos beneficios:

1. Garantizar la confidencialidad de la información.
2. Facilita el proceso de digitalización de documentos.
3. Implementación de un sistema interno de notificaciones electrónicas.
4. Acceso inmediato a la información.
5. Identificación de tipos documentales para capturar documentos relevantes.
6. Gestión de la experiencia para elaborar propuestas de honorarios.
7. Posibilidad de diseño y desarrollo de APPS (aplicaciones para móviles).

Las consecuencias de automatizar el archivo se reflejarán en cuatro niveles. El primero tiene que ver con el personal; el segundo con la atención al usuario interno, llámense secretarias, practicantes, paralegales, procuradores, asistentes, asociados, consejeros o socios del estudio; el tercero es con proveedores y clientes; y el cuarto, el de la gestión del conocimiento. Detallemos:

1. Se aprovechará al máximo al personal del Archivo cuando esté dedicado a la organización y al análisis documental en detrimento del trabajo operativo (especialización y consecuente apoyo a los abogados).
2. Si lo vemos desde el punto de vista de la atención al usuario interno, estos tendrán la información a su disposición las 24 horas del día (inmediatez en el acceso a la información).
3. A nivel de proveedores y clientes. En el primer caso para tomar mejores decisiones contractuales; y en el segundo, se refleja una reducción en el tiempo de respuestas (comunicación).
4. Por último, con relación a la gestión del conocimiento, se contará con una base de datos que condense las opiniones legales de los abogados y la experiencia del estudio (administración del capital intelectual).

La carrera ya empezó, los clientes exigen cada vez mayor eficiencia, y el Archivo es pieza clave para brindarles una atención rápida y confiable. Alejándonos del conservadurismo administrativo y de las tradiciones impuestas por la costumbre, se concluye que la automatización de los archivos de los estudios de abogados, antes que ser una opción, se ha convertido en una imperiosa necesidad.


lunes, 10 de abril de 2017

El D.Leg. 1272 y la gestión documental del Procedimiento Administrativo Electrónico

El Decreto Legislativo N° 1272 marcó un hito para la gestión de los procedimientos administrativos.* Su artículo 4° incorpora el artículo 29-A en la ley 27444, Ley del Procedimiento Administrativo General. A través de este se establece el marco jurídico para la introducción del denominado “Procedimiento Administrativo Electrónico”, cuyos actos administrativos poseen la misma validez y eficacia jurídica del tradicional. Con este dispositivo, la administración pública avanza un peldaño más en su proceso de automatización, el mismo que busca desatascar parte de sus actuales mecanismos burocráticos en beneficio del ciudadano.

Para los estudios de abogados se ha planteado un nuevo reto: gestionar este tipo de procedimiento administrativo cuya documentación podrá ser notificada en formato electrónico por las entidades públicas. Si bien aún no emiten el Decreto Supremo que regulará el procedimiento, las empresas que brindan servicios legales ya deben haber empezado a preguntarse cómo se alinearán con esta nueva disposición. En el Perú existen decenas de boutiques y bufetes que brindan asesoría a cualquiera de las partes, y la gran mayoría de sus abogados realizan sus actividades con un file físico bajo el brazo. Esto, a la luz de los nuevos tiempos, producirá un cambio de la cultura del trabajo, así como en los procesos internos de la administración privada de las firmas de todo el país.

Los estudios que están un paso adelante ya empezaron a trabajar con expedientes electrónicos desde hace algunos años. Las crecientes necesidades de información de sus clientes así lo demandan. Por ello es vital que sus archivos se automaticen y que sus sistemas de seguimiento y de administración documental sean desarrollados acorde con los mandatos de la legislación vigente y que hagan eficiente y rentable el negocio. La gestión documental de los procedimientos administrativos electrónicos responderá a la naturaleza de cada uno, por ejemplo, no será lo mismo gestionar un procedimiento administrativo de índole laboral (SUNAFIL), que uno de carácter ambiental (OEFA), o uno de naturaleza tributaria (SUNAT, municipios).

Los centros de información, las áreas de Sistemas, y particularmente los archivos de los estudios de abogados tienen mucho trabajo por delante para responder a las exigencias del futuro de la administración, de sus clientes y de sus procesos internos.

* Decreto Legislativo que modifica la Ley N° 27444, Ley del Procedimiento Administrativo General y deroga la Ley N° 29060, Ley del Silencio Administrativo (publicado el 21-12-2016).


miércoles, 5 de abril de 2017

San Marcos y “La buena terrorista”

Solo hace unos días una conocida conductora de televisión llamó “aprendices de terroristas” a unos estudiantes de mi alma mater, la UNMSM. La motivación de tan desafortunada frase fue la “toma” de la Universidad y el supuesto hallazgo de bombas molotov al momento del allanamiento policial. Los atrincherados se manifestaban en contra del rector y de las medidas privatizadoras que aseguran se quieren implementar en la Ciudad Universitaria. Si lo de las bombas es un hecho comprobado habría que sancionar a los culpables, pero la razón de su protesta es totalmente legítima, y no por eso los sanmarquinos debemos ser llamados terroristas, ni los aprendices de tales. Si la conductora en mención no sabe distinguir entre un estudiante que reclama por derechos ganados por sus predecesores, de una organización criminal que busca llegar al poder a través del terror y la matanza, pues alguien debería recomendarle algunos libros para que aprenda a identificar las abismales diferencias. Ya que nadie lo hará, me tomaré la atribución de pasarle un dato: “La buena terrorista”, de la Nobel británica (y en su momento comunista) Doris Lessing.

Este no es un libro teórico, es una novela escrita por una mujer que además, peleó contra la segregación, pero con seguridad le servirá. La historia gira en torno de Alice Mellings, una mujer de 36 años que decide abandonar la casa familiar para irse a vivir junto con un grupo de radicales de izquierda que desean poner su pequeño partido político a disposición de los objetivos del IRA, los conocidos revolucionarios irlandeses. La acompaña un homosexual de nombre Jasper, con el cual comparte habitación y por el que siente una inexplicable devoción. Ambos caen en una casa habitada por personajes perfectamente identificables una vez presentados por la autora. Desfilan Jim, un desempleado negro que siente la marginación de su sociedad; Bert y Pat, una pareja cuyas ideas revolucionarias no amilanaban su insaciable apetito sexual; la maternal Roberta y la desquiciada Faye, lesbianas que disfrutaban de frecuentar huelgas y piquetes, la última dependiente, y también, abusadora de la otra; Jocelin, la novicia fabricante de letales bombas caseras; y el frágil Phillip, nadando siempre contra una corriente que terminará por arrastrarlo en un mundo “burgués” no diseñado para los débiles como él. Todos ellos, aprendices de terroristas, dicen odiar a la clase media y al gobierno de la Thatcher, a quienes tildan de fascistas e imperialistas, y contra quienes planifican y llevan a cabo un terrible atentado que aquí hubiésemos llamado “cochebomba”.

Y aunque muero de las ganas de elogiar punto por punto la calidad extraordinaria del libro solo llegaré hasta aquí de literatura. Ahora, si la conductora no quiere leer las más de cuatrocientas páginas de esta obra genial, le ayudo nuevamente y le resumo mis conclusiones. ¿Qué diferencia a un estudiante que protesta de un aprendiz de terrorista (como los arriba descritos)?, paso a detallarle, para no aburrirla, solo tres. Primero, el estudiante que protesta tiene un pliego de reclamos que quiere negociar, el aprendiz de terrorista tiene un dogma que quiere imponer a la fuerza; segundo, los estudiantes que protestan en bloque buscan los caminos democráticos y solo se radicalizan cuando no son escuchados por quienes deben representarlos y defenderlos, los aprendices de terroristas nunca dialogan y buscan establecer siempre una dictadura criminal a base del terror; y tercero, un estudiante que protesta lo hace para conservar o ganar derechos, un aprendiz de terrorista no los respeta, y por el contrario los viola sistemáticamente al torturar o asesinar víctimas inocentes. Puedo escribir los versos más tristes esta noche, y llorar y llorar, pero se los dejaré a Neruda y a Fernández. Creo que está bien claro. Si después de esto la susodicha no aprende y no se retracta de forma clara, bien merecida tendría su demanda porque daña la honra de miles de personas que hemos pasado por esa inigualable experiencia de ser sanmarquinos.

Nuestra Universidad no es cuna de terroristas, muy por el contrario, en ella he visto caminar a las personas más valiosas y brillantes que tengo el orgullo de conocer y que estoy seguro comparten mi misma indignación al oír a alguien que desconociendo la realidad de las universidades públicas en general, y la de San Marcos en particular, se atreve a decir tremenda desfachatez en la señal abierta de la televisión nacional. Esto, definitivamente no se puede permitir, y como sanmarquinos que somos debemos alzar nuestra voz disconforme, nuestra tradicional y diversa voz de protesta.




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